Piramides de Egipto
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ALEJANDRA VALLEJO BUSCHMANN
TERAPEUTA HOLISTICA
casadetara@gmail.com
COACHING ESPIRITUAL
Agosto de 2013


SANAR LAS HERIDAS - Reconocer al niño interior

Comparto con ustedes este texto de Jorge Bucay, que nos habla de este re-encuentro con mi niño y todo lo que ello aportará a mí vivir.



Si hay algo que es mágico, luminoso y bello de la niñez, es la capacidad de disfrutar de la vida, esa inocencia sin condiciones y la siempre dispuesta actitud a perdonar y recomenzar amando desde lo más profundo, desde el Alma, porque en la niñez aún tenemos un estrecho lazo con nuestra alma, que pareciera se va diluyendo y opacando con la adultez.

La facilidad hacia la risa, la mirada siempre llena de colores y matices, el lenguaje simple, directo y tan gracioso, son cualidades que de niños profesamos y que hoy quisiésemos recuperar, a fuerza de despertar a ese niño, que permanece para muchos, inexorablemente dormido.

El juego continuo y sin pausa, la despreocupación por las estructuras innecesarias, el movimiento constante, lleno de energía y teatralidad, son algunas de esas añoradas características que hoy pareciera nos ayudarían a que todo fluyera con mayor gentileza y perfección. Pero esas pautas espontáneas, están dormidas bajo la híper responsabilidad, la seriedad de la vida, el deber ser y los estigmas sociales que nos acosan y agobian, haciéndonos olvidar lo que realmente somos.

Despertar a ese ser que aún palpita en nosotros, es una parada en el camino del crecimiento que hay que realizar, y es una pausa, que nos tomará tiempo, paciencia y mucha auto-indulgencia, algo tan necesario en este camino de aciertos y desaciertos.

Partiendo por reír más, por gozar más, por tomar muy pocas cosas en serio, por perdonar sin cuestionamientos, con la misma facilidad con que puedo devolver una ofensa, con una sonrisa. Soñar, cantar, bailar, y abordar cada situación como una aventura, como el mejor de los panoramas, son posibilidades que podemos practicar en la búsqueda del reencuentro con mi niño perdido.

Mi propósito podría ser entones a partir de hoy reconocer a ese niño en mí, darle la bienvenida y dejarlo que tome su lugar en mi día a día. Darle espacio para llevarme de la mano hacia su mundo de fantasías, donde todo es posible, donde no hay rencores, pues la amistad vale que más que un desacuerdo. Donde todos podemos participar, sin exclusiones. Donde cada segundo es vida, no hay antes, no hay mañana, solo el hermoso regalo del hoy, al que me entrego con pasión, esa pasión con la que alguna vez vivimos… ¿Recuerdas?

Mi hoy será entonces más lúdico, menos estresado, mágico y venturoso. Volveré a mirar la vida como esa puerta abierta a las posibilidades, a las experiencias infinitas. Y yo, desde ahora me sumergiré en esta hermosa aventura, con nada más que mis ganas de vivir y la certeza de que es justo lo que esperada, me sucediera. Lo tomo, lo vivo, lo agradezco.

Comparto con ustedes este texto de Jorge Bucay, que nos habla de este re-encuentro con mi niño y todo lo que ello aportará a mí vivir.

Alejandra Vallejo Buschmann.
Casa de Tara.


RECONOCIENDO AL NIÑO INTERIOR

Los cinco principios básicos para hacerse cargo de nuestro niño interior son muy sencillos y efectivos cuando los ponemos en práctica honestamente, con continuidad y con apertura:

1.- La idea principal es volver a conectar con ese niñito que generalmente se siente solo y abandonado para que nos diga qué necesita, para ayudarlo a expresarse, para validarlo, para que confíe en sus emociones y en sí mismo. De esa forma, empezaremos a confiar en nosotros mismos.

2.- Nuestro adulto interior, la parte más sana y crecida que podemos encontrar en nosotros, debe reconocer al aspecto infantil y herido del niño que nos habita y aceptarlo como es.

3.- Debemos aprender a tratar al niño interior con un amor incondicional y mostrar una actitud tan permisiva que le permita sentirse libre para expresar sinceramente sus sentimientos.

4.- Debemos respetar la forma en la que el niño herido pretende enfrentar sus problemas. Aceptar que quizás él o ella saben más que nosotros, cómo afrontar la situación y qué es lo que hay que cambiar. No se trata de dirigir las acciones sino de ser el continente que el niño necesita para poder encarar su desafío. Él decide el rumbo y el adulto lo sostiene.

El adulto interno debe resistir sus urgencias y no forzar al niño a que soluciones sus cosas ya, ni a que deje de llorar ni, mucho menos, a que sea feliz ahora. Todo eso es la consecuencia de una acción, pero no su punto de referencia. Cuidar de nuestro niño interior es más que reconocer su presencia. Se trata de saber de sus necesidades y de sus reacciones frente al dolor, es amarlo y hacerse cargo de su indefensión. Mientras no lo escuchemos, seguirá reaccionando y empeorando nuestra manera de ser en el mundo, especialmente en los afectos. Pero el niño interior se volverá adecuado y creativo si nos decidimos a dedicarle el tiempo, la atención y los cuidados que se merece. Cuando las personas se sienten validadas en su dolor, pueden expresarlo y atravesarlo; aparece entonces la alegría, la sensibilidad y la entrega.


EL ENCUENTRO DE LAS ALMAS

Cuando podemos llevar adelante estos pasos, nos relacionamos saludablemente con ese niño vulnerable y le permitimos salir a la superficie. Es entonces cuando descubrimos, a veces con sorpresa establecer verdaderos contactos íntimos con los demás, porque, nos guste o no, la vulnerabilidad y entrega del niño interior es lo que posibilita la intimidad, el encuentro de las almas.

Jorge Bucay
Psicodramatista, Terapeuta Gestáltico y Escritor Argentino.




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