Piramides de Egipto
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Ronco Retes:
"VUELVO A LO MÍO, PERO CON MÁS EXPERIENCIA"

Nada de fácil ha sido la vida de este comediante que se replegó por un tiempo para volver a lo suyo, las candilejas y a la televisión.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Agosto 2008

Tiene talento y lo luce, parodiando a Wilde.

La vida artística de Esteban Jesús Retes Oliva, más conocido como Ronce Retes ha sido meteórica y ha pasado por momentos de zozobra.

A los cuatro meses de haber debutado como humorista profesional ya estaba en el Festival de Viña del Mar, en 1977, cuando acaparó la atención de todos y se robó la película, desplazando al mismísimo Bigote Arrocet.

Guarda legítimo orgullo de una familia vinculada al ámbito artístico. Su tío Rogel era actor de zarzuelas, su tío Roberto fue director de orquesta y su padre Eugenio fue un gran actor cómico y quien mejor personalizó al roto chileno. Prueba testimonial de ello son varias películas en blanco y negro que hoy forman parte del inventario del cine chileno. Paradojalmente -este roto personificado por Eugenio Retes- ¡había nacido en Perú!

Emotivo, gran amigo de sus amigos, Ronco Retes hizo amague de retirarse de las tablas. Se fue a Linares, pero las candilejas ya formaban parte de su alma. La succión del espectáculo pudo más y ya lo tenemos de regreso en Santiago.

-¿Tu deseo es volver a lo tuyo, al humor?
-Exactamente. He vuelto a Santiago a reinsertarme en la ciudad de Santiago después de "cuatro años de vacaciones", tiempo más que suficiente para volver a lo que más quiero.

-¿Dónde estuviste todo ese tiempo?
-En Linares, ciudad a la que quiero mucho, pero la papa mía está acá en Santiago. Todos los hilos del ámbito artístico se mueven en esta capital.

-¿Por qué se dijo públicamente que padecías de cáncer?
-La farándula exagera todo y busca noticiones donde no los hay. Lo mío fue una bronconeumonia y pulmonía. Y alguien llamó desde Linares a un diario o a un canal y dijo que ronco Retes estaba el Linares con cáncer al pulmón. Y ahí empezaron a ir varios periodistas a entrevistarme y yo fui el primer sorprendido. Claro que pasé un susto y hasta me deprimí porque pensé que mi familia me estaba ocultando algo. Pero pronto pasó todo...

-Tu carrera en el humor fue meteórica. A los cuatro meses de debutar en el humor ya estabas en el Festival de Viña del Mar. Luego te sumerges y te vas de Santiago. ¿En qué pié está tu carrera artística?
-Estaba hasta hace en linares actuando en las Termas de Quinamávida, donde probé muchas cosas nuevas en mi rutina, muchas ideas. Pero el medio allá es muy estrecho y los eventos son pocos. Luego, si como artista no te están viendo, si no apareces en televisión o en los diarios, le gente te olvida rápidamente. Entonces, resolví volver a Santiago, a lo mío, a rehacer mi carrera pero con la experiencia acumulada. Estoy recomenzando y las cosas han salido bien hasta el momento, gracias a Dios.


UNA HISTORIA NO TAN CONOCIDA

-¿Cómo surge el personaje Don Fermín?
-Nace de la filosofía tan especial que tenía mi papá cuando caracterizaba al roto chileno. Mi papá decía que idealizaba al roto chileno. Le saco los defectos y lo dejo con las puras cualidades. Y eso es cierto, porque hay de todo...hay padres que llegan cocidos a la casa y le pegan un charchazo a la señora que está esperando guagua, por ejemplo. Se ven cosas muy crueles y trágicas. Mi papá era partidario de mostrar al roto chileno en su faceta positiva. Y yo soy de la misma idea. Pretendo mostrar a ese roto luchador, que siempre busca trabajo y no se arredra ante nada, capaz de pasar miles de pellejerías y no perder su sentido del humor.
Esto parte por mirar al maestro constructor que yo tuve en mi casa alguna vez, y de tanto mirar al entrenador de fútbol que teníamos en el barrio, que era un tipo muy especial pues no entrenaba a todo el equipo sino que solamente a sus dos hijos. Era un tipo muy especial. Juan Penco le decíamos...y ahí hice esta mezcla entre ambos personajes.

-Don Fermín se consagra en el programa "Vamos a ver" que conducía Raúl Matas. Un admirador del personaje...
-Mucho, mucho. Lo que pasa es que Raúl (Matas) una vez que tomó la mecánica me decía: -"No me muestres el libreto, porque prefiero que me sorprendas". Eso sí, yo le decía lo que me tenía que preguntar, pero él me pedía que no le mostrara el libreto para poder disfrutarlo.

-¿Tus mejores amigos están en el medio televisivo?
-Los amigos se van adquiriendo con el tiempo y cada tiempo vas conociendo a nuevas personas. Para mí, Coco Legrand es una maravillosa persona y un gran amigo. Nunca a Coco le vas a ver un dejo de envidia.
Eso va conmigo también. La palabra envidia no tiene espacio dentro de alma. Te juro que no tengo envidia de nadie. Ya con el hecho de pararme arriba de un escenario y que me aplauda la gente y más encima me paguen, estoy sobrado de cariño. Otro amigo es Enrique Maluenda, un caballerazo. Otro gran amigo es Willy Bascuñán, pese a su carácter tan alemanote, todo lo que quieras...pero un talento y buen amigo. Lo admiro, lo quiero y lo echo de menos. Nos llamamos siempre por teléfono. Otro amigo es Juan la Rivera...o Peter Rock, una maravilla de amigo. Buddy Richard, con su forma un poco introvertida de ser, pero Buddy en su casa es tremendamente generoso. Fernando Alarcón y Jorge Pedreros son grandes tipos, también.
Y también hay amigos que se me han ido. Yo adoraba a Raúl Matas. Como no voy a adorar a Jorge Rencoret, otro que ya no está con nosotros.

-En este retorno al mundo de las tablas, ¿qué errores no vas a cometer?
-Cuando triunfé en Viña del Mar, el año 1977, era muy inexperto para dar un vuelco tan grande y tan radical a mi vida. Yo era visitador médico y de repente en unos meses paso a ser conocidísimo...y ganando mucha más plata que como visitador médico, porque en esta pega -cuando te va bien- se gana mucha plata. Y bueno, no supe aquilatar, no pisé con calma el terreno y no supe sopesar esos momentos. Y ganaba mucha plata. Pero este bicho que lo heredé de la familia de los Retes no se quita fácilmente.
Entonces, cuando tu no apareces en los escenarios o no apareces en la televisión te viene el bajón de los futbolistas cuando los empiezan a dejar en la banca y no los ponen en el primer equipo.

-Retornas más maduro...
-¡Pero, claro! Tengo 65 años y con la sapiencia del hombre maduro y el criterio de los años creo que tengo mucho que dar. Y por eso te puedo garantizar Jorgito, que no voy a cometer los errores que cometí en ese tiempo. Además, a esta edad uno está en el peak de la capacidad intelectual para crear y actuar. Se adquiere mayor seguridad en el escenario.

-Tienes fama de generoso en el medio artístico. ¿Botaste mucho dinero?
-No lo creo, fíjate. De haber sido así estaría muerto de cirrosis o qué se yo. Yo invertí harto dinero. Se lo pasé a mi señora que administra sus tiendas en Linares.

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