Piramides de Egipto
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Jaime Antúnez Aldunate:
"LA POLÍTICA CHILENA ADOLECE DE CULTURA"

Su vasta trayectoria en torno a los temas acuciantes de una época que intenta re-encontrarse, le ha convertido en un auténtico baluarte cultural, contra viento y marea.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Agosto 2008

Nació en Santiago el año 1946.

Sus primeros estudios universitarios los llevó a cabo en la Universidad Católica de Chile, para continuarlos más tarde en España, donde obtuvo su licenciatura en Filosofía y letras.

Desde 1980 ejerció como redactor editorial del diario "El Mercurio". Paralelo a ello fue editor del suplemento cultural "Artes y Letras" de ese mismo diario hasta 1995.

Además, ha ejercido la docencia en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica, en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile -desde donde editó la cotizada revista "Política"- y en la Universidad Gabriela Mistral.

En la actualidad se desempeña como director de la revista "Humanitas" de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Desde el año 1995 es miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.

Antúnez Aldunate es autor de libros como "Crónica de las Ideas. Para comprender un fin de siglo" (1988), "De los sueños de la razón al despertar. Nueva crónica de las ideas (1990) y "El comienzo de la historia. Impresiones y reflexiones sobre Rusia y Europa Central". (1992).

Su labor como filósofo en defensa de los valores cristianos ha sido pródiga y pertinaz. Acaso, ha hecho suyo el concepto de Ortega y Gasset en el sentido que frente a la psicología de masa es importante despertar la exigencia de la voluntad y la libertad del pensamiento. Esa libertad que exige el respeto hacia los demás y la preservación de ciertos valores comunes intransables e inmutables.

En un mundo desorientado y trastocado en la apreciación de los valores humanos, la pluma de Antúnez Aldunate se alza enhiesta y con voluntad irrenunciable para defender el acervo cultural chileno, algo feble, con mucho de incipiente, pero que permite al menos preservar la trascendencia de la familia, célula básica de toda sociedad.

Su palabra cobra mayor valía, toda vez que muchos pensamos que los valores humanos constituían una adquisición internalizada ad eternum y que debían ser respetados y reconocidos universalmente por todos. Un vistazo somero a la realidad nos demuestra que ellos no es así.

-¿Se hace realmente filosofía en Chile? Se lo pregunto porque es muy distinto decir filosofía en Chile a decir filosofía de Chile...
-Sí. Se hace filosofía en nuestro país. Hay facultades donde se enseña filosofía, existen figuras del pensamiento filosófico que hacen un trabajo genuino de creación filosófica. En esta misma Universidad (Católica), el decano de Filosofía es una persona que hace filosofía. Hay otros profesores en esa misma universidad que están inmersos en esta tarea.
Pero yo iría más allá. Esto no se circunscribe solamente a la Facultad de Filosofía. Hay personas que están en el área de las Ciencias Humanas, como el decano de esa facultad, don Pedro Morandé. Sus aportes al pensamiento filosófico -incluso- han sido reconocidos más allá de nuestras fronteras.
Son aportes de filósofos chilenos a la filosofía de nuestro tiempo. Aparte de eso, quisiera precisar un aspecto que está consignado en mi libro "En busca del tiempo perdido". La verdad es que nunca se piensa a partir de cero. Esa idea de que se elabora algo a partir de cero es una idea decimonónica, ya bastante superada.-

-No se puede prescindir de nuestras propias creencias...o ideas, que provienen de un abanico muy amplio de influencias.
-Claro. Existe un conjunto de convicciones, de sensibilidades, de supuestos que marcan la cultura de una sociedad y que -de algún modo- son algo así como la pre-filosofía. Con el apoyo de esta pre-filosofía, que no siempre está explicitada en categorías racionales, los filósofos hacen su filosofía. Y esas pre-filosofías se transforman en filosofía cuando los intelectuales la discuten o llegan a conclusiones a través de ella. Sean éstas favorables o negativas.
Luego, le digo que efectivamente se hace filosofía en Chile.

-Por naturaleza, ¿es el chileno más proclive a la religión o a la filosofía?
-Bueno...que el chileno es un pueblo religioso lo constatan permanentemente las encuestas que se hacen en torno a nuestro pueblo y hechas por instituciones no precisamente religiosas. Allí se constata que el 97 por ciento de los chilenos cree en Dios.
Y se trata de un pueblo que está inmerso en una cultura hispano-americana, barroca y con una marcada religiosidad popular. Esta religiosidad marca nuestra cultura y nuestra pre-filosofía. En consecuencia, siempre que se filosofa respecto de algo, ese algo es de fuerte contenido religioso.


ROL DEL FILOSOFO

-¿Qué filósofos influyeron en su formación?
-Entre los clásicos contemporáneos me impactó Aristóteles. De la Era Cristiana, principalmente Santo Tomás de Aquino.

-¿Y de los que tuvo oportunidad de conocer personalmente?
-Sin duda, Antonio Millán-Puelles, una persona a la que estuve muy ligada y a la que le debo mucho. Justamente aparece entrevistado en uno de mis libros.

-A su juicio, ¿cuál es el papel del filósofo en la época actual? ¿Tiene algún papel relevante en las transformaciones de la sociedad? Se lo pregunto porque -a diferencia de antaño- hoy la clase política no oye para nada el juicio de los filósofos.
-Hay que admitir que la política adolece en nuestro tiempo de una falta de cultura. Esto no sucede solo en Chile sino en gran parte del mundo. Hay un distanciamiento muy notorio entre la política y la cultura.

-¿Lo ha constatado también en Europa?
-Por supuesto. Lo constatamos a diario al ver la falta de confrontación de ideas. Las que se dan hoy en día son confrontaciones de tipo técnico.
Por ejemplo, la derecha y la izquierda, que de algún modo monopolizaban el mundo de las ideas, hoy en día discuten por razones técnicas o por razones de poder, nada más. Luego, hay una brecha entre el mundo de la cultura, el pensamiento y la política...que se transforma en un quehacer pragmático. Entonces, el filósofo siempre tiene una razón de ser respecto al mundo en que vive y las transformaciones que en este mundo se dan. Y esta razón de ser puede tener una doble vertiente. Una será que el filósofo interpretará los cambios que se van produciendo, más allá de su influencia. Simplemente como una constatación en el plano de la abstracción intelectual. Por ejemplo, para remontarnos a la historia de la filosofía, el nominalismo de Guillermo de Occam, que de algún modo marca el fin de la era medieval, marca también la crisis de la certidumbre en el hombre de esa época. Luego, el hombre ya no puede establecer los universales. No puede establecer los conceptos universales, sino que puede conocer tan sólo lo concreto. Ello, representa en el plano teórico-filosófico un estado de cosas que ya se empieza a dar en la cultura de ese tiempo. Al hombre de esa época -de fines del medioevo- le vacilaban las certezas. Entonces, uno puede preguntarse hasta qué punto Guillermo de Occam interpretó e influyó en ese tiempo. Creo que se dieron ambas cosas. Al sistematizar lo que sucedía también influyó. Y eso sucede muchas veces con los filósofos.

-Algunos pensadores estiman que el deber de todo filósofo es lograr un pensamiento autónomo. Ese sería el objetivo de marca mayor del filósofo. ¿Comparte la aseveración?
-Creo que sí...aunque el afán de originalidad es una cosa un tanto pueril. Está bien que haya una cierta autonomía del pensamiento. Una persona internaliza una serie de conocimientos, los procesa interiormente y entonces llega a conclusiones muy asentadas en convicciones muy hondas. Pero, creo que este afán de autonomía por simplemente expresar originalidad no siempre tiene un sentido. Es una suerte de puerilidad intelectual.


FILOSOFIA Y SOCIALISMO

-Usted ha entrevistado a muchos pensadores en los países de la ex órbita soviética. ¿Puede concebirse una filosofía sin libertad?
-En esto suscribo netamente el pensamiento de un gran escritor y filósofo ruso como es Alexander Solyenitzin. Se trata de un pensamiento muy típico de la cultura rusa y en parte también de la cultura eslava, que ha vivido grandes coerciones en el plano de la libertad exterior.. Justamente por eso mismo Solyenitzin ha aprendido a desarrollar la libertad interior. El fundamento verdadero de la libertad no es la libertad exterior, sino la libertad interior. Nosotros en occidente, por ejemplo, hacemos gala de ser libres. Incluso, hasta nos hemos llamado por mucho tiempo como la sociedad libre, pero todo este juego retórico en las expresiones muchas veces no hace sino esconder una especie de esclavitud interior que nos son ofrecidas en nuestras vidas en nombre de la libertad. Y muchas veces nos limitan, nos cohiben. Y así vemos que en países del Este que estuvieron severamente limitados en su libertad y hasta en sus derechos humanos, bueno...esas limitaciones no impidieron que desarrollaran las virtudes de su propia cultura y al interior de sus almas. Por ejemplo, al llegar por primera vez a Rusia -en plena represión comunista- me llamó la atención el encontrar jóvenes que eran más libres en su interior que muchos compañeros míos de estudios en la universidad Complutense de Madrid. Ahora, desde luego había en aquel país una gran restricción para divulgar ese tipo de pensamiento libre.
Creo que allí floreció la virtud de un pueblo muy religioso, que los regímenes socialistas nunca pudieron avasallar.

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