Piramides de Egipto
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Bárbara Silva:

"EL DEBATE DEL BICENTENARIO DEBIERA PLANTEARSE EN TORNO A PRINCIPIOS"

La joven historiadora señala que al revisar nuestra historia es muy difícil desvincularse del contexto mundial.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Octubre de 2008

Conviene preguntarse de tanto en tanto en qué nivel está la conciencia histórica del ciudadano medio de hoy. Y es que ¿de qué sirve una historia digna y edificante como la chilena, si no contamos con una ciudadanía capaz de homologarla? La conciencia histórica, en el sentido de comprensión, de conocimiento de nuestros ancestros, de la formación y trayectoria del país, o mejor dicho de nuestro pasado histórico, hoy asoma como harto débil. Un claro ejemplo de ello es la elección por Canal Nacional de los diez grandes chilenos de nuestra historia, donde pudimos advertir cómo el pasado cercano y la ideología distorsionan lo suficiente como para no lograr grados de objetividad mínimos. Eso explica que hombres como O'Higgins, Balmaceda o Alessandri Palma hayan quedado fuera.

Todo lo que se haga por nuestra historia es bienvenido. ¡Y es que se hace tan poco! Luego, muy loable la aparición del libro "Identidad y nación entre dos siglos" (LOM Ediciones, 196 páginas) de la joven historiadora Bárbara Silva.

Licenciada en Historia en la Universidad Católica, cuenta con un postítulo en Gestión Cultural. Ha sido Premio Tesis Bicentenario del Gobierno de Chile. En la actualidad trabaja como profesional en el área de Ciencias Sociales del SIMCE, ministerio de Educación.
Entremos en materia...


-Está de moda el revisionismo histórico, el chequear los acontecimientos. Un humorista decía que la Historia es exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es exactamente lo que sucedió. En este trabajo, ¿te inspiraste en teorías o trabajaste con testimonios?
-Creo que hay una mezcla de ambas cosas. Yo no creo en el trabajo con teorías y con las fuentes históricas sea disociable. Me parece que tienen que estar relacionados constantemente en la medida en que uno produce un texto de análisis histórico.

-Meinecke señala que el historiador debe conservar siempre la originalidad de su interés histórico - universal. Es decir, no desapegarse del contexto mundial.
-Es difícil desvincularse del contexto mundial en la medida que el modo que uno va adquiriendo, conciente o inconcientemente de hacer historia tiene que ver con la manera en que se está produciendo la historia en el mundo. Ya sea en los estudios que tienes de historia o lo que lees todos los días. Antes de escribir mi libro yo no pensé que tendría que adscribir sobre la base de determinada corriente historiográfica y de ahí me cuelgo de mi libro. No fue así. Más bien el libro fue saliendo por sí solo.

-En tu libro tomas como referente la Patria Vieja, el Centenario y el Bicentenario. ¿Por qué escogiste estos hechos?
-Porque creo que son momentos históricos claves en la construcción de la Nación moderna. La Patria Vieja viene siendo el origen, como el momento fundacional, la primera idea, el primer paso que se da en la tarea de construir una nación de corte moderno. De hecho esa era la idea que tenían en la cabeza estos personajes de la Patria Vieja. Y es la Patria Vieja y no es la Independencia completa, porque la Patria Vieja está más limpia, por decirlo de alguna manera. Y es que después sobreviene la Reconquista, lo que produce ciertos temores, aprensiones o cautelas de parte de los mismos personajes históricos que van a modificar alguna de las intenciones originales.
Y elegí también el Centenario porque es un recurso metodológico temporal para hacer el corte de los cien años Y tiene que ver también con ciertas "psicologías" porque los números redondos efectivamente producen algo. Hay una intención explícita en el centenario al decir "han pasado cien años y es bueno que nos hagamos una autocrítica" ¿Lo hemos hecho bien? ¿Lo hemos hecho mal? ¿Se lograron las tareas que se deseaban?


PATRIA VIEJA

-¿Crees que la Independencia de Chile fue un hecho accidental?
Te lo pregunto porque es difícil desgajarla de la invasión napoleónica a España...

-Yo creo que hay que entender la Patria Vieja o el primer paso en la Independencia como ambas cosas. Es decir, como un proceso de mas larga data...y también como un accidente. O sea, hay un contexto social, hay un contexto político, ideológico de unas cuantas cabezas nada más que tuvieron el privilegio de acceder a este ideario ilustrado, incipientemente republicano. Luego, hay un contexto que tiene una mayor duración y que se ve propiciado por ese accidente-como dices tú- que es la prisión del Rey en España y la reacción que tienen las comunidades de la península al ver a su rey preso.

-Un hecho que favoreció la Independencia es que la elite chilena haya sido homogénea.
-Mira, no estoy de acuerdo ni en desacuerdo con eso. Pero sí creo que es un dato de la causa. Hay que reconocer que hubo pocas pugnas internas, o insuficientes como para resquebrajar el poder de esta cúpula social.

-Durante la Colonia ya se desarrolla un sentimiento regional criollo, un amor a la patria en su sentido de tierra natal, y de ello dan testimonios los cronistas como Alonso Ovalle y los jesuitas expulsados de Italia.
-Eso tiene que ver con lo que hablábamos hace un momento, de entender la Independencia propiciada por un accidente pero también relacionado con un contexto temporal bastante más amplio, que no es ni 1810 ni 1808, cuando se produce la prisión de Fernando VII. Habían ciertos sentimientos que podríamos llamar proto nacionales, pero que no daban para constituir una nación moderna.

-La Independencia de Chile fue la obra de la clase alta. Es decir, de la aristocracia castellano vasca que -por su cultura y su poderío económico y social- ejercía gran influjo sobre la masa popular. ¿Cómo evalúas este hecho? ¿Tenía que ser así? Y es que siempre hay una clase conducente respecto a todos los movimientos sociales...
-No necesariamente. No siempre va a haber una clase dirigente en todos los movimientos sociales. En muchas ocasiones no ha sido así. Ahora, en el caso chileno sí fue de esa manera. En parte porque la gran mayoría de la población estaba bastante ajena al acontecer político diario, incluso dentro de la administración colonial. Eso lo podemos advertir cuando ya necesitan al pueblo en concreto, no como sujeto simbólico. Un ejemplo, en el campo de batalla ese sujeto popular no tiene una adscripción tan voluntaria a un bando u otro. En su mayoría adscribió al bando del patrón; o bien desertó. De hecho, uno de los grandes problemas de las primeras guerras de Independencia durante la Patria Vieja, fue la deserción. Mucha gente estaba ajena a lo que estaba ocurriendo a nivel político y social.

-Pero es enaltecedor constatar que acá no hubo una anarquía popular que sí se hizo sentir en otras colonias...
-Claro. En un primer momento no se dio una anarquía popular, pero sí hubo una indiferencia bastante fuerte y que se dio en la deserción de que hablábamos. Por algo se pusieron horcas en las plazas para los desertores, aunque también hubo premios e incentivos económicos y hasta medallas para los que sí iban al campo de batalla.


EL POLEMICO CENTENARIO

-Chile llega al centenario como país "en forma" en sudamérica. Pero había también otra cara del país. En esa época los chilenos creían que la nación estaba en crisis. La población no crecía, la riqueza era para unos pocos y cuando faltaba menos de un mes para el evento moría el presidente de turno.
Algunas cifras eran alarmantes en ese Chile de 1910.
¿Lo rescatable de esto? Que se dieron a conocer muchas voces críticas, disconformes, que no se tragaban el discurso oficial, lo que no pasó en otros países...

-Es que no sé cual habrá sido el nivel de crítica en los centenarios de otros países hispanoamericanos. Sí estoy cierta es que en Chile el nivel de crítica fue bastante fuerte y diverso. Y eso es muy rescatable. La crítica no vino de un grupo social, o político organizado, sino que fue bastante diversa. Fueron miembros de distintos grupos sociales, de distintas ocupaciones y con distintas críticas.

-La elite no fue tan ajena a las críticas de su mundo. No fue un ethos alejado de la realidad que vivió eternamente encapsulado.
Enrique Mac Iver -paradojalmente- provenía del mundo de la elite.
Es ya famoso su discurso acerca de la crisis moral, pronunciado en el Ateneo de Santiago, el 1 de agosto de 1900.
Dice que no somos felices, se nota un malestar que no es de cierta clase de personas ni de ciertas regiones del país, sino de todos los que lo habitan.

-El tema de la crisis moral se repite mucho en distintos ensayistas. Y eso tiene que con la manera en que se estaba entendiendo la República.
Algunos sostienen que la crisis moral se estaba dando en la oligarquía, por haberse dejado llevar por el lujo, la ostentación y haberse encerrado en sí misma y haber dejado de lado el ideal del bien común, cosa que había sido muy importante en los años de la Patria Vieja. Por esos sostengo que la crisis moral se puede abordar desde distintos lados. ¿Crisis moral de qué? ¿De la República completa? ¿de una oligarquía que la dirigía y perdió el norte? ¿De un pueblo echado a su abandono?


Y FINALMENTE...

-¿Crees que el cuestionamiento del Bicentenario girará en torno a cuestiones valóricas?
-Siempre es bueno que haya una reflexión por ese lado. Un programa de un partido político no puede irse por la tangente. ¿Vamos a apuntar a un país desarrollado con un soporte energético que no va a fallar a costa de destruir otra cosa?
El debate del Bicentenario debiera darse en torno a principios. O sea, ¿qué principios se está dispuesto a transar y para qué tipos de objetivos?
Creo que esas respuestas serán necesarias plantearlas.

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