Piramides de Egipto
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Alvaro Bisama:

"CHILE SE PARECE A PELOTILLEHUE"

Su texto "Cien libros chilenos" (Ediciones B) ha provocado una zafacoca literaria que ni el autor pudo haber vaticinado. Por consiguiente, se sigue vendiendo y continúa estando entre los más vendidos del país.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Enero de 2009

La biografía oficial dice que Alvaro Bisama nació en Valparaíso el año 1975. Es escritor y profesor de literatura.

Ha publicado los libros de ensayo y crónica Zona cero (2003), Postales urbanas (2006) y Cien libros chilenos (2008), además de la novela Caja negra (2006). Además ha escrito en La Tercera, Qué Pasa, The Clinic, Dossier, PRL y Etiqueta negra.

En la actualidad es columnista de El Mercurio y hace clases en varias universidades. Ha sido becado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura en los años 2003 y 2008, y textos suyos fueron finalistas del concurso de cuentos de revista Paula y del Premio de Excelencia Periodística otorgado por la Universidad Alberto Hurtado.

El año 2005 fue elegido como unos de los cincuenta jóvenes líderes chilenos por El Mercurio y hacia el 2007 fue seleccionado por el hay Festival para Bogotá 39, que destacó a los escritores jóvenes de que tuvieran "el talento y potencial para definir las tendencias que marcarán el futuro de la literatura latinoamericana".

Eso, en lo oficial. La otra biografía señala que posee un carácter levantisco, que lo imposibilita a prosternarse ante cualquier tema o lacra nacional. En buena hora, porque ello es condición si ne qua non para un escritor y crítico de voltaje nacional, como es su caso. Con varias ideas en la cabeza y siempre un proyecto bajo el brazo, no sé si tome Ritalín, pero mientras lo escucho me remece la frase de Wilde: "Tiene talento y lo luce".

Ha llegado demasiado lejos para sus cortos años, lo que le ha permitido tutearse desde temprano con ese ácido corrosivo llamado envidia y que en estas tierras se da como el dengue en país tropical... o arena en la Arabia Saudita.

La más complicada de las actividades ejercidas por Bisama debe haber sido la de crítico literario, con todo lo que ello involucra, significa y acarrea. Pese a lo que dicen los diccionarios de literatura, no hay mejor definición de crítico literario que la que me dio una vez un chileno al que le faltan pelos y le sobran neuronas y que me hace un honor con su amistad. Me refiero a Fernando Josseau. Para este "viejo lindo", es necesario que el crítico sepa discernir con exactitud entre un autor que es local sin ser universal y uno que es universal y posee, al mismo tiempo, trascendencia local".

La fértil imaginación de Bisama no pudo presagiar el aluvión de críticas que originaría su obra "Cien libros chilenos", donde revisa títulos imperdibles de nuestra literatura.

Cabe consignar -como eximente del escritor porteño- que allí no están los libros favoritos de Bisama, sino aquellos que conforman su idea de la narrativa chilena.

Su último parto literario, "Música marciana", está muy fresco y recién empezando a pasar el farragoso tamiz de la crítica, de modo que tendremos que esperar un poco. No más prolegómenos y disfrutemos de este talentoso escritor que tiene cuerda e inspiración para rato...


LA ENTREVISTA

-Tus últimos libros han sido polémicos. ¿Ello fue deliberado o te sale de manera natural?
-¡No. Yo no busco polemizar con nadie! No tengo ansia de polémica de ninguna forma ni con nadie. Aunque no tengo rollos con polemizar, pero en este caso no fue así...

-Imposible entrevistarte sin citar a Juan Manuel Vial, el crítico literario...
-Yo creo que sí es posible... (Se ríe) Pero dale, no más...

-Juan Manuel Vial asegura que cuesta imaginar hacia quien está dirigido tu libro "Cien libros chilenos". ¿Cómo te llega esa crítica?
-Primero, no voy a referirme a Vial. No me interesa hablar de Vial. Creo que es sensato eso de que un escritor no debe referirse a las críticas. No es tema p'a mí, ¿cachai?. Partamos por decir que el lector chileno es un lector a ras de piso, un tipo común y corriente. A su vez, mi libro no es un libro académico... lo que no quita que tenga un interés, que tiene una búsqueda y cuenta con ciertas claves para percibir lo que es la literatura chilena. Yo lo leo así.

-¿No es una especie de antología?
-No. Es una reseña de cien libros que leí y algunos hasta volví a releer. Me parecía que eran libros esenciales de la literatura y la cultura chilena... y eso fue todo.

-En el libro dices que muchos son de tu agrado; y otros no lo son. Eso es muy extraño...
-Pero son muy pocos lo que no son de mi agrado. Serán cinco, cuatro...o seis.


SUGERENCIA DE UN ENTENDIDO

-Al hacer esta selección le puedes facilitar el trabajo a muchos jóvenes. ¿Qué escritores te asombraron por su calidad y los recomendarías a los jóvenes de hoy?
-Me interesaron muchas cosas de Pedro Prado, de Federico Gana y todo lo que escribió José Santos González Vera. Y Juan Emar, desde luego. Hay una matriz de lecturas de textos que han sido congelados, en la década del 20 al 30 y que conviene leer, redescubrir...o descubrir para los jóvenes que se interesan en literatura.

-¿Quedaste encandilado con la calidad de un Pedro Prado y un Orrego Luco?
-No quedé encandilado, pero sí gratamente sorprendido. Lo que pasa es que al volver a leerlos sin el tamiz académico se hace muy agradable la tarea. Además son libros que hablan del esplendor de un Chile que ya desapareció. Me parecen interesantes las señales que esos libros describen, la melancolía...desde luego también me interesa la violencia de un Edwards Bello o el gesto de rescate de una clase media que hace un tipo como Antonio Skármeta. Ahora, es interesante decir que el contexto de los últimos diez años de educación media es enseñar fragmentos de esos libros. En el fondo, es interesante volver a esos libros enteros, íntegros...y no congelarlos porque pertenecen a otra época.

-¿Por qué has dicho que te sientes más lector que crítico literario?
-Yo hice crítica de libros semanalmente durante cuatro años en La Tercera y en Qué Pasa. Y cuando sacas una novela pierdes la impunidad como crítico. Por eso yo prefiero trabajar desde la óptica del lector, que es mucho más libre, mucho menos autoritaria. La lógica del crítico establece ciertos márgenes o ciertos lugares desde donde autoriza o desautoriza lecturas.

-Libros como "Papelucho", ¿te defraudaron?
-No. En el libro está la crítica a Papelucho y digo que merece ser leído como un buen libro. Pero dejo en claro que es un libro que habla de la muerte. Por lo menos, Papelucho uno. Y entonces tenemos a un pre adolescente que se lo pasa hablando de la muerte una y otra vez. Entonces, ahí hay una lectura mucho más compleja, mucho mas sofisticada.

-En "Cien libros chilenos" tu revalorizas ciertas lecturas que no son libros clásicos, como Mampato y Condorito...
-Lo que pasa es que eso me sale natural. No hay un interés especial de ninguna índole. Yo siempre trabajo en esos tres o cuatro niveles. Trabajo en esa tensión entre lo que es la suerte de arte industrial y la suerte de arte literario. Para mí no es tensión. No tengo interés académico en revalorizar, porque en el fondo eso siempre ha tenido valor.
Hay distancias en términos formales, pero no hay demasiada distancia temática entre unos y otros. Tu tomai una revista Mampato y te vai a dar cuenta que los lugares en que habita Mampato son los mismos lugares en que habita la narrativa de Skármeta, que es un poco la eclosión de la cultura de la clase media chilena. En el caso de Mampato se da por un deseo de aventura, y en el caso de Skármeta se da por un deseo de sexo.
Tu agarras el Condorito y lees a Enrique Araya en "La Luna era mi tierra" y verás que en ambos está la parodia a los mitos nacionales. Luego, a mí esto no me parece raro o pintoresco.
Mi generación creció leyendo a José Donoso y leyendo a Mampato, y a nadie se le produjo una escisión.


DESCRIPCION DESDE UNA LOGICA ESTRICTA

-¿Por qué has dicho que la literatura chilena es un lugar viciado?
-Lo dije pensando en que la literatura chilena se presenta siempre como un espació íntimo, muy cerrado. Son muy de una descripción de la lógica de los lugares en los cuales habita la vida privada de los ciudadanos que pertenecen a los poderes que manejan el Estado o manejan la nación.

-"Casa de campo" me parece un libro notable y me alegro que lo hayas incorporado. El es muy crítico de la gente de su propia clase, y eso es poco frecuente en Chile...
-Cierto. Orrego Luco es un caso aparte. Goza escribiendo eso. El describía las lacras del mundo agrícola de cuna manera muy sutil. Orrego Luco tiene sentimientos contradictorios respecto al mismo objeto que detesta y ama a la vez.

-¿Por qué aseguras que Lastarria podría ser considerado como el pionero de la literatura de ficción en Chile?
-La idea no es mía, pues aparece en el libro de José Promis. Creo que se trata del primer intento de novela que llega a ser novela. Y a pesar de que tiene muchas fallas, muchos errores y pifias que pueden estar a la vista del lector, es una novela que funciona como novela. Y está más allá de los deseos del autor de que esa novela sea un manifiesto político. Tiene cinco o seis discursos que son profundamente estéticos, más allá de que se trate de una alegoría política de lo que sucede en el país en ese momento.

-En una entrevista al The Clinic dijiste que Chile se parece a Pelotillehue. ¿A qué aludías específicamente?
-Es que efectivamente creo que Chile es Pelotillehue. Veo a Chile como una comuna de provincia, que está fuera de la capital...y en el fondo a la cual la modernidad nunca ha llegado, y en donde los ciudadanos están congelados en la misma rutina. Eso da pie al tedio, al aburrimiento... pero también puede dar pábulo al sin sentido.

-¿Al sin sentido?
-Claro. Por ejemplo, fíjate en el humor de Pepo -que a mí no me gusta- es un humor que termina es esa onomatopeya del plop y con esa frase "exijo una explicación". En el fondo, el tedio cotidiano da pie o no da pie no solo al abatimiento. También da pie al sin sentido. Da pie a un lugar donde esto que parece absolutamente normal, se transforme en algo profundamente maravilloso y a la vez en profundamente desquiciado. Por eso Pelotillehue es el lugar del sin sentido. Y Chile es un lugar sin sentido, también.

-Joaquín Edwards Bello diseccionaba con lucidez ese mundo al que te refieres. ¿Quién se podría acercar hoy al genio de Edwards Bello? ¿O dejó la vara muy alta?
-Es incomparable no porque haya dejado la vara muy alta, sino porque el volumen y régimen de escritura que tenía, es un régimen que es imposible en el Chile de hoy. Estamos hablando de un tipo que escribía una cantidad de crónicas semanales durante una buena cantidad de años. Escribía novelas comerciales. O sea, lo hacía por las lucas, lo cual es válido. Y sus lecturas de cronista tenían que ver con testimoniar los cambios del país en el cual estaba viviendo. Edwards Bello es un tipo cuya capacidad de observación era notable.

-Tu reciente libro, "Música marciana", sería un libro relacionado con una civilización alienígena. ¿Cómo así?
-Noooo...no hay tal. "Música marciana" es un libro donde flota la idea de que Chile es un planeta alienígena, Chile sería un país extraterrestre. Lo que pasa es que la cultura chilena está habitada por pura gente freak.
Una de las ideas que yo trabajo es la idea de la ficción. Lo que tenemos ahí en ese libro es la historia de la familia chilena que en el fondo es falsa, porque anida allí donde no hay familia ni hay Chile. Son quince historias necrológicas de quince personas que en el fondo son creadores congelados, creadores atrofiados...marcados por un padre que ha solucionado sus problemas a través del arte, pero que a sus hijos los ha dejado en la estocada. Se trata de hijos pródigos que nunca vuelven a casa.

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