Piramides de Egipto
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Entrevista a Fernando Villegas

LOS CHILENOS VIVIMOS DE MUCHAS LEYENDAS

Con la pluma filosa que lo caracteriza, Fernando Villegas se pasea por las calles de Santiago para escanear a los distintos tipos de chilenos que conforman la fauna social. Y así ha nacido "Ruego a usted tenga la bondad de irse a la cresta" (Editorial Random House Mondadori), su último parto literario.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Marzo de 2009

Es uno de los opinólogos de fama en este país. Sociólogo en comisión de servicios en el periodismo chileno. Antitético por antonomasia y francotirador de las costumbres nacionales. Con algo de iconoclasta Villegas es un tábano societal, lo que hace bien en un medio uniforme y chato como el nuestro. En su obra "La Conversation", el notable escritor francés André Maurois acusa en torno a la naturaleza humana: "Nous aimons la franchise de ceux qui nous aiment. La franchise des autres c'appell insolence" (nos gusta la franqueza de quienes nos aman. La franqueza de los demás, se llama insolencia).

Con Fernando Villegas Darruiz se produce una dicotomía casi irreconciliable. O se le rechaza o se le acepta. Cuenta con una legión de simpatizantes y enemigos. Los últimos, como es natural, suelen hacer más ruido que los primeros, más cautos y hasta silentes, temerosos de solidarizar públicamente con alguien que rebasa convencionalismos y no trepida en llamar las cosas por su nombre. Como si fuera insuficiente, es también de aquel tipo de personas con quien casi nadie quisiera malquistarse. Acido en sus juicios, éstos suelen ser de una franqueza algo intolerable para un país uniforme, atávicamente mitológico y pacato en sus modas y costumbres.

Ateo hasta donde Dios lo permite, es ajedrecista consuetudinario y desacralizador por antonomasia. Cálidamente neurótico, las veces que he estado con él admito que me he entretenido harto. Y conste que tiene buen humor. Cuando supo que mi reportero gráfico -Raúl Urrea- hablaba ruso, se puso a imitar el idioma. Y lo hizo con gracia.

Como lo hizo antes con "El Chile que no queremos", en su última obra, "Ruego a Ud. tenga la bondad de irse a la cresta", da un paso adelante para bocetear con agudeza y gran sentido del humor, en determinados caracteres que delinean el mapa de nuestro país. Se trata de un ensayo chispeante, corrosivo y que vuelve a inscribir a Villegas como uno de los analistas más polémicos y crudos del panorama nacional.
Menos prolegómenos y gocemos esta entrevista con Villegas..."el de la tele"...

-Tú has dicho que el chileno no es solidario. Es una opinión concluyente.
-No sé si será tan concluyente. Me parece que no somos tan generosos como nos pintamos. Eso es todo. Lo que pasa es que nosotros vivimos de muchas leyendas en Chile. Se trata de leyendas mentirosas y creo que eso de la generosidad es una de ellas.


¿CÓMO SOMOS?

-Roberto Mellafe señalaba que el sentido de transitoriedad de la vida está muy arraigado en el chileno. Por eso nunca proyecta algo a largo plazo. Parece que tenemos muy afincado eso de que en cualquier momento tenemos que empezarlo todo de nuevo.
-(REFLEXIONA) Mira... es probable que eso se deba a la falta de desarrollo institucional en muchas áreas. Cuando cierta actividad no cuenta con un conjunto de instituciones, organizaciones que conserven y desarrollen una actividad, evidentemente que ésta tiende a desaparecer, una vez que desaparecen algunas personas que la llevaban a cabo. Y eso queda muy claro en el caso del cine chileno. Como no hubo una institucionalidad importante que conservara o desarrollara el cine, se cayó en una etapa de inmovilismo. Hasta una vez optaron por quemar mucho material fílmico y las películas quedaron así convertidas en peinetas. ¡Así cuida el patrimonio cultural este país! Pa'más remate fueron muriendo los que hicieron cine en esa época, como el caso de Jorge Délano, "Coke". Y entonces la generación siguiente no contaba con registros, no se podía apoyar en instituciones para continuar la línea del cine. Entonces da la sensación que cada cierto tiempo se está empezando de cero una y otra vez. Esa es la explicación. No es una cuestión vinculada al carácter nacional. Lo que ocurre es que donde no hay institucionalidad adecuada, obviamente que las actividades dependerán al final de los individuos que se expresen. Las instituciones, no. Los hombres sí. Por eso en muchas áreas se está volviendo y empezando en este país.

-Un estudioso del carácter nacional, Armando Roa, decía que el chileno no tiene apego a la tradición.
-Es que nadie tiene apego a nada, si no hay una institucionalidad que lo tenga como propósito. La gente hace su vida al día, no más. Yo te quiero recordar que países que supuestamente tienen una tremenda tradición, una tradición histórica milenaria como Roma, en Italia...en algún momento, cuando no habían instituciones de conservación, muchísimos edificios de la Roma post romana se construían a base de escombros que se sacaban, de material que se sacaba de los grandes edificios de la antigüedad. ¡Y nadie decía nada! Y qué forma más patética de faltar el respeto... !se trataba de una demolición de ciertas cosas para construir otras! Y eso sucede en todas partes si no hay una institución que establece reglas, que pone funcionarios, que pone guardias, que pone cordones, que cuenta con archivos, que tiene memoria y cuenta con registros. La memoria histórica de un país no puede descansar en algunos pocos individuos. De manera que la falta de respeto es universal en ese sentido. Cada cual vive su vida, y no te interesa lo que se hizo antes. Y si tienes que echar abajo un templo romano pa' hacerte un gallinero, lo vas a hacer, ¿me entendís? A menos que te lo impidan.

-Se suele hablar del comportamiento estanco del chileno. Se sabe que somos herméticos, tendemos a vivir cada uno lo suyo.
¿Es esta una herencia del indígena?

-No... na'que ver eso. Cada cual está metido en su metro cuadrado, en todas partes del mundo. Si tu prendes el televisor y sintonizas un canal de los Estados Unidos, de lo único que se habla es de los Estados Unidos...o del Estado de Estados Unidos donde está el Canal. Lo mismo pasa en Europa. Los que se preocupan del conjunto de una sociedad son siempre muy pocas personas: académicos, pensadores, sociólogos, en fin. Es natural que sea así. En cuanto a la generosidad, bueno... hay muchas razones y causas por las cuales una persona se convierte en generosa o se pone amarrete. Una es su nivel de ingresos;otra puede ser su sentido de identidad con los demás. Hay que tener en cuenta que ahora vivimos una sociedad mucho más segmentada y fragmentada, donde es más difícil sentirse solidario con otros porque simplemente tu no tienes identificación con los otros. Los otros son anónimos, trabajan en otras cosas, no les conoces ni el nombre, viven en otro mundo, se mueven por otros circuitos o no topas con ellos en la calle. Entonces, es como si te pidieran que fueras solidario con los esquimales. Algo na'que ver. La solidaridad también supone un grado de identidad, de relación real con otros. Es difícil inventar una solidaridad en abstracto por los demás. Entonces hemos pasado de una sociedad tradicional, donde todos nos conocíamos, a una donde todos nos desconocemos. Luego, la solidaridad es más difícil... y la generosidad también. Cada cual simplemente se encarga de lo suyo. Hasta las familias se desintegraron. Ya tus tíos, tus abuelos ya no viven contigo. No los ves el día domingo. Hasta ser solidario con tus familiares resulta difícil. De repente te llaman y te dicen: "El tío abuelo está en el hospital y necesita quinientas lucas". Y bueno, a esa gente le cuesta meterse la mano al bolsillo porque al tío abuelo no lo ven hace como veinte años. Ya no tienen identidad con él.

-Hace un tiempo dijiste que a esta altura de tu vida ya no seguías a ningún escritor, que no eras incondicional de nadie. Pero, ¿cuáles son los temas que te motivan?
-Yo leo básicamente historia, hoy en día. Historia en todos los niveles. Grandes historias y pequeñas historias...la "petit historie", como dicen. Eso es lo que más me interesa. Creo que es la novela más entretenida que hay... aquella con lo cual se aprende más acerca de cómo funcionan los seres humanos. Me parece que en la historia hay más drama que en cualquier drama, más comedia que en cualquier comedia. En la historia aparece desnudo el hombre, en su diversidad y en lo que es la inconstante. Entonces, yo disfruto mucho leyendo historia, o análisis político-históricos, en fin... todo lo que esté relacionado con lo que ha sido el transcurrir de la humanidad. Eso me interesa mucho. De la literatura leo muy poco. Es decir, nada prácticamente. Ya me leí mi cuota cuando joven, y ahora ya no pierdo mi tiempo leyendo eso que llaman narrativa.


HISTORIA CHILENA

-Sergio Villalobos y Alfredo Jocelyn-Holt son historiadores que provienen de vertientes muy distintas. Sin embargo, ambos me han dicho que Chile "tiene una historia que narrar". Acá hay una historia digna, lo que no ocurre con otros países sudamericanos. ¿Estás de acuerdo en ello?
-No sé, porque no conozco la historia de los otros países sudamericanos, así que no podría comparar.

-Pero, ¿te convence la historia chilena? ¿Ese orgullo patrio y que algunos hasta exaltan?
-Yo creo que no hay ningún país, pueblo o nación que se pueda enorgullecer de ninguna cosa. Eso, p'a empezar. Porque las cosas valiosas de un pueblo o de una nación son actos de individuos, no del pueblo. El pueblo como tal es igual en todas partes. Viven en su metro cuadrado como decías tú, come, ambiciona...y nada más. Yo no veo qué pueblo podría sentirse el pueblo elegido.

-Tu dices que las personas son las que hacen las cosas, es cierto. Pero a veces hay instituciones que colocan su impronta propia.
-Sí, puede ser. Chile en eso ha tenido un poco de suerte por diversas razones. Era el país más pobre de las colonias españolas en América. Estaba en permanente guerra con los mapuches...y por diversas razones tuvo que desarrollar más temprana y sólidamente algunas formas estatales que faltaron en otras partes. Y eso nos dio algunas ventajas que se manifiestan hasta el día de hoy. Fuimos afortunados en eso. Ahora, yo no sé hasta qué punto nos podemos enorgullecer de cosas que también dependen de la fortuna. Si hubiéramos sido un país rico, si hubiéramos tenido oro, plata, guano, qué se yo...nos habríamos desarrollado de otra forma. Yo creo que no hay nada que haga que el ser humano se pueda sentir tan orgulloso. La verdad es que en general la historia nuestra -como la historia de todo país- es como decía Gibbons un historiador británico. El decía que la historia es un tejido de crímenes, miserias y locuras. Y eso vale pa'todas las naciones.

-¿Y no será que la historia nos retrata como somos?
-Claro. Así es, pues. Los humanos somos unas entidades bastante miserables, y con muy pocos rasgos de salvación. ¡Pa' qué estamos con cuestiones!

-Acerca del carácter taciturno y grisáceo del chileno, Joaquín Edwards Bello dijo que el chileno tiene la alegría del incendio y del velorio.
-Con eso Joaquín Edwards Bello quiso decir que el chileno se alegra de las desgracias ajenas. Claro...

-O que dentro de cierta alegría postiza, hay una amargura soterrada.
-Puede ser, pero el país ha cambiado tanto en los últimos años que yo ya no sé lo que hay en el alma del chileno. Pensemos que Joaquín Edwards Bello escribió todas estas cosas hace mucho tiempo. No sé si aún sea válido lo que dijo. Lo que pasa es que ahora el chileno ha cambiado mucho. Es distinto al que era. Yo no tengo más que 54 años. ¡Soy un chiquillo! (Sonríe).

-¿Crees que el chileno ha perdido sobriedad?
-Mira...uno cuando es pobre es sobrio por obligación. No es una vortud, es una condición, Antes el país era más sobrio porque era más pobre. Cuando se es más pobre, los que no tienen nada son sobrios por obligación y los que tienen algo lo andan escondiendo pa' que no los cuelguen de un poste. Cuando hay más riqueza y hay gente que tiene más medios, ya no hay miedo de mostrar lo que se tiene. Al contrario, se anda presumiendo pa'competir con los otros que también tienen...a ver quien tiene más. Creo que no tienen sentido esos lamentos. Yo creo que es siempre la misma naturaleza humana no más la que está en juego. El ser humano es un poco como el sapo, que se hincha fácil. Apenas prospera un poco y le empieza a ir bien, se hincha como un sapo asqueroso, y se pone arrogante, prepotente. Por eso un escritor italiano que se llama Curzio Malaparte decía que nunca un hombre es más digno que en el fracaso, porque ahí están claros sus límites...y el tipo los vive y los experimenta. En cambio en el éxito, en el triunfo, el hombre se convierte en un animal insufrible. Se sube por el chorro, como dicen los cabros. Se ciega y ve su éxito como algo mucho más importante de lo que es. Se sobregira. Mientras que en el fracaso uno se está topando con sus límites, y está sobriamente dándose cuenta que uno es una cucaracha, no más pus... Y en ese momento, en la derrota, en el fracaso el hombre -paradojalmente- alcanza alguna dignidad. Por eso Curzio Malaparte decía que nunca estuvo mejor aspectado Mussolini que cuando colgaba de un gancho de carnicería. En el fracaso total...Ahí hasta daba compasión. Cuando estaba triunfante era un payaso que se inflaba y discurseaba como si fuera un emperador. Yo estoy de acuerdo con ese juicio. El éxito convierte a los hombres en unos seres insoportables.


FLOJERA

-Una de las máximas socorridas para hurgar en el carácter del chileno es aquella que dice que el chileno es flojo. Desde que éramos Colonia de España los gobernadores en sus Informes se quejaban a los reyes de la holgazanería de los naturales.
Por su parte, el cronista González de Nájera relata que "el indio chileno rehúsa a trabajar en fundos. Prefiere el vagabundaje, robar caballos, chutear piedras y vivir tirado en los villorios, dedicado al pillaje y al tragullo" Esto motivó que las autoridades de la época optaran por traer negros.
¿El chileno es flojo por genética?

-No, no lo creo. Pienso que se trata de un problema de estructura social. ¡El indio era un flojo porque no estaba trabajando pa'él, pus huevón...!
Lo tenían pa'que trabajara pa'los patrones. ¿Por qué uno va a sacarse la cresta por otros huevones? La flojera es una forma de conducta que tiene que ver con las estructuras de oportunidades. Si uno está viendo que su trabajo sólo beneficia a otro, ¿por qué se va a esforzar? Y si la estructura social más o menos mantiene esa característica ¿para qué se va a esforzar?. Trabajará el mínimo, sólo para comer, para que no lo echen.
Ese mismo chileno, puesto en Estados Unidos, donde si tu trabajai ganai plata, se convierte en un tipo trabajador.
Porque allá la cosa tiene sentido p'a él.

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