Piramides de Egipto
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Entrevista al sacerdote jesuita Felipe Berríos

"SOMOS UNA SOCIEDAD CLASISTA"

Su cruzada Un Techo para Chile la logró calar en la sensibilidad chilena, cosa nada fácil en un país de generosidad cortoplacista

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Junio de 2009

Cuando el sacerdote jesuita Felipe Berríos habló de las "universidades cota mil", el país fue zarandeado. Lo que supuestamente debían haber denunciado autoridades de gobierno, políticos o ministros, lo tuvo que hacer un sacerdote, una vez más.
Hasta un editorial de El Mercurio salió en defensa de la pluralidad de modos de concebir la comunidad universitaria en una sociedad libre. Pero la denuncia del padre Berríos iba en otro sentido.
El develaba a esas universidades lejanas, inasequibles, solamente para gente de buen pasar, desenchufadas del mundo real. Pero eso ya es pasado.
Lo que es realidad es la obra fundacional del padre Berríos.
En un país con cultura de la animita, de peregrinaciones martirológicas y mandas; y muchas veces con fe mal canalizada, este sacerdote jesuita es un tipo de milagros tangibles.
Alma, mentor y guía de la Fundación Un Techo para mi País, esta organización ha construido más de 32.000 casas durante la última década en diversos países de América latina.
Si eso no es milagro, no sé cómo podríamos llamarle.
Sin proponérselo, Berríos se ha alzado como un magnate del sector inmobiliario. Pero un magnate magnánimo, hecho para entregar casa a los demás.
Este infatigable ex misionero en Africa dirige esta conocida Fundación sin fines de lucro, dedicada a levantar viviendas de emergencia para los más pobres. Un Techo para mi País rebasó las fronteras y hoy es palpable realidad en Argentina Colombia, El Salvador, Costa Rica, México, Perú y Uruguay.
Todo comienza el año 1997, cuando un grupo de jóvenes universitarios formó Un Techo para Chile, una iniciativa que se fijó como objetivo construir 2 mil mediaguas antes del año 2000, como una forma de contribuir a paliar las necesidades que padecen los habitantes de los barrios marginales del país.
La meta fue alcanzada con creces.
La inercia y la fuerza del impulso dio paso a una organización que no ha cesado de construir y que se ha transformado en una obra social con características de fenómeno.
Felipe Berríos del Solar lleva más de treinta años escuchando las plegarias de todos quienes buscan un consejo espiritual, un soplo de esperanza en un mundo de carencias materiales y déficits espirituales.
Educado y formado en la Compañía de Jesús, Berríos es el gran constructor de mediaguas de Chile.
Dicho de otra manera, es quien ha logrado ponerle techo a la pobreza de este país.
Vale la pena conocerlo, saber qué piensa de los más diversos temas...

- En su libro En todo amar y servir usted se asombra de ver al ser humano de hoy. "lo veo en un ajetreo loco acumulando cosas, viajes, dinero y experiencias que ni siquiera alcanza a gozar, añorando obtener lo nuevo que se le está ofreciendo".
En verdad se trata de un ritmo neurótico y trepidante. Vivimos un mundo de gente apurada que no va a ninguna parte. ¿Nos hemos alejado mucho de Dios, Felipe?

- Pienso que una de las cosas que caracteriza a la tecnología que nos rodea es que por una parte nos ofrece un mundo más confortable y a la vez nos potencia los sentidos y capacidades. Pero también la tecnología nos adula y nos hace sentirnos autosuficientes. De esta manera nos vamos haciendo solitarios y tan seguros de nosotros mismos que nos olvidamos de Dios y de lo transcendente. Pero no debemos olvidarnos que cuando estamos más lejos de Dios es cuando estamos más cerca de Él, en el sentido que sentimos su ausencia y de alguna manera lo añoramos. En esta tensión nos encontramos.

- En un reportaje en la cotizada revista América y Economía (octubre.2007) usted señala que desean estar presentes con el programa Un techo para Chile en Bolivia y Haití. ¿Falta mucho?
- Ya estamos trabajando en el proyecto de Bolivia así que en unas semanas más comenzaremos oficialmente allá. Haití es más complejo pues es un país sin estructuras... o muy débiles y con militares de otras naciones que ayudan pero que no dejan de ser una fuerza de ocupación. Pero estamos en República Dominicana, país vecino con quien Haití comparte la isla y pensamos que tal vez desde allí nos será más fácil entrar a trabajar pues hay muchos haitianos que van a estudiar a República Dominicana y como nos interesa formar equipos de jóvenes de los mismos países esa puede ser una buena fórmula y en eso trabajamos.

- ¿Cómo se financia un programa tan vasto?
- Con aportes de particulares, de empresas, utilizando subsidios estatales y también tenemos un aporte del BID. Lo importante es manejar eficiente y transparentemente los recursos en eso los jóvenes voluntarios dan mucha garantía y estamos constantemente siendo auditados por empresas prestigiosas que se dedican a eso.


MAS TECNOLOGIA

- En el Concilio Vaticano II se concluyó que "jamás la raza humana ha gozado de tal abundancia de riquezas, de recursos y de poder económico..."
Luego, y en el caso específico de Chile, ¿qué nos falta para derrotarla?

- Es muy cierto lo que acotaba el Concilio Vaticano II. ¡Y eso lo decía hace cuatro décadas! El mundo de hoy no sólo tiene más y mejor tecnología para repartir equitativamente los bienes sino que nunca antes en la historia habíamos sido capaces de no solo distribuir sino también estamos en condiciones de crear riquezas. Pero se ha visto que no basta con aumentar la riqueza pues con ello también es fácil que aumente el egoísmo y la concentración de poder. Nos falta tomar conciencia, y tal vez en eso nos ayudará un mundo globalizado, en que nos necesitamos unos a otros y que somos responsables cada uno de toda la humanidad.

- Acusa usted que en muchas ocasiones empresas que aportan a campañas de beneficencia, y con notoriedad pública, no están pagando a sus trabajadores un salario justo o no respetan las leyes laborales.
Para pensar que el empresario chileno explota cuando puede, y el trabajador chileno roba cuando se lo permiten.
¿Qué opina de este aserto tajante pero que tiene algo de cierto?

- No creo que es bueno generalizar hablar de: "los curas", "los políticos", "los periodistas", "los pobres", "los empresarios", etcétera. Esas generalizaciones no ayudan. La realidad es más compleja y tiene matices que son importantes de comprender. La caridad por sí sola no basta, puede ser dañina, ella debe llevarnos a una mayor toma de conciencia para practicar la justicia. Por eso en el Techo no sólo pedimos recursos sino que a quienes se los pedimos los contactamos con la realidad en la cual serán utilizados los recursos.

- La pregunta que usted le hace al lector en su libro (pág.26) se la hago a usted: Si practicáramos la justicia social a todo nivel, ¿sería necesaria tanta caridad?
- Siempre será necesaria cierta caridad, yo soy sacerdote no por mis méritos sino por la caridad de Dios. Pero esa caridad debe responder a casos muy puntuales y no ser un sistema que suple el déficit que produce la injusticia. Por eso mismo que el padre Hurtado nos decía con mucha sabiduría: "la caridad comienza cuando termina la justicia". Jamás la caridad puede reemplazar la justicia.


EL CASO NUESTRO

- ¿No cree que a la Iglesia chilena le ha faltado flexibilidad?
- Primero hay que distinguir entre la Iglesia que muestran los medios de comunicación y los rostros y frases que de ella destacan a la Iglesia de todos los días metida en la sociedad. Segundo: la Iglesia es parte de una sociedad. Está marcada por la sociedad donde viven sus miembros y en ese sentido vivimos en una sociedad poco tolerante y muy enjuiciadora. Tal vez entonces a la Iglesia nos haría falta ser más proféticos.

- Tengo la sensación de que en Latinoamérica la Iglesia Católica ha perdido terreno. En la India crece muy fuerte y en Europa se resiente mucho del impacto cultural secularizante.
- Por el contrario, en Europa tenemos una Iglesia vieja que no sabe si morirse o renovarse y en Asia una Iglesia todavía muy nueva. Pienso que el presente y futuro de la Iglesia Católica está en nuestro continente. Y más todavía -sin soberbia- creo que dentro del continente Chile tiene un rol especial.

- La mejor definición de fe que he encontrado es la siguiente: tener fe es como saltar de un acuario al océano. ¿Recuerda usted su primera gran vivencia de la fe?
- Para mi fe no es certeza, sino jugársela por algo. En ese sentido concuerdo con su frase, el acuario me limita y protege y la fe no. Recuerdo más mi última, cuando se murió mi papá. Ver su cadáver, el cuerpo inerte de quien me dio la vida en todo sentido y creer que lo vería de nuevo en la resurrección fue un acto de fe.

- La secularización del mundo es producto del cierre hermético, porfiado de la Iglesia...¿o porque la Iglesia se cierra a los cambios para defenderse de la secularización?
- Ni lo uno ni lo otro. Está más ligado a lo que decía antes, que estamos de alguna manera embobados con el poder de la razón y el producir y miramos en menos, como innecesario, lo gratuito y lo trascendente. Pero el ser humano maduro es quien encuentra el equilibrio entre razón, gratuidad-espiritual y la acción-producción. En eso estamos tratando de buscar ese equilibrio pues en otras épocas el péndulo se cargó mucho para el lado de lo gratuito- espiritual produciendo fanatismo, superstición y oscurantismo.

- ¿Cómo vislumbra usted el proceso de secularización, ¿cómo un fenómeno pernicioso, o como una campanada de alerta?
- Si no se idolatra y se lleva a extremos dañinos lo veo como una liberalización, como una limpieza para ir a lo fundamental.

- Usted que trabaja tanto con jóvenes, ¿qué es lo mejor y peor de nuestra juventud?
- Lo mejor es que son jóvenes y tienen más futuro que presente, más libertad para ver lo malo a lo cual los viejos -por ceguera o comodidad- nos habíamos acostumbrado. Lo negativo es el miedo, me da mucha pena ver jóvenes con tanto miedo; miedo a pensar distinto, a equivocarse, a tener defectos. Son miedos que les hemos transmitidos los adultos y que no nos trasmitieron nuestros padres.

- Usted señaló hace un tiempo que los jesuitas se han alejado de la democracia cristiana. ¿Por qué razón?
- Más bien precisaría que la Iglesia -en general- y en eso nos incluimos los jesuitas nos alejamos, abandonamos en cierta manera a los políticos y en eso se incluye la Democracia Cristiana. Las causas son muchas y muy complejas de analizar aquí pero ciertamente es un error que la Iglesia abandone a quienes tienen vocación política y participan de un partido.

- ¿Qué le ofrecen hoy el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o el Schoensttat a los sectores socioeconómicos más altos para ser más atractivos que los jesuitas?
- Habría que preguntarles a esos sectores no a un jesuita.

- Usted pregunta atinadamente en su libro ¿por qué si en Chile se usa saludar de beso en la mejilla a las mujeres, cuando entramos a una casa no saludamos de beso a la empleada, pero sí a la patrona?
Su observación me parece notable. ¿Qué indica ello? Somos racistas, arribistas o discriminadores? ¿O las tres cosas juntas?

- Que somos una sociedad tremendamente clasista y para corregir esa estupidez que tranca el desarrollo, frena la meritocracia y crea injusticia, hay que comenzar por reconocer que somos clasistas y que todos en alguna proporción contribuimos a ese clasismo.


LA FAMILIA

- ¿Cree que uno de los fenómenos más típicos y dañinos de nuestro tiempo es la desintegración de la familia?
- Si, lo creo. Pero también pienso que el fenómeno es más complejo. Tal vez tenemos que profundizar el concepto de familia.

- Soy de los que piensa que un país vale más o menos según valga la suma de las familias que lo componen. Dicho de otro modo, como es la familia, es un país. ¿Está de acuerdo con ello?
- Antes habría estado más de acuerdo hay otros factores que influyen pues vivimos en un mundo globalizado y la familia si antes influía en un 80% en la formación de los hijos, hoy lo hace en un 20% y el resto es la cultura que nos rodea principalmente los medios de comunicación.

- Paul Pouppard dice que vivimos una cultura fragmentada, marcada por la hipertrofia de los medios de comunicación y una dispersión de los fines.
¿Podría comentar esta aseveración?

- En parte estoy de acuerdo. Tal vez me convence más decir que los medios de comunicación son medios, no son entes independientes, son más bien un reflejo de nosotros mismos. Lo que sí creo que fácilmente se nos pierde el fin. Entonces confundimos medios con fines trasformando el medio en un fin en sí mismo y ahí nos perdimos. Pero entonces es cuando estamos hundiéndonos como Pedro en el lago es cuando estamos más cerca de abrazarnos del Señor.

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