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Crítica Literaria
HABLA AVILA. MANIFESTACIONES EN TRIBUNAS
Es un libro ameno, de ritmo ligero e histriónico, donde se salpican agudezas desopilantes con verdades fuertes.
Octubre de 2009
Nelson Avila es el senador de los eructos linguísticos, el chapucero semántico, el que -como el mejor de los arietes- arrecia y encara cualquier tema, y hasta contesta con pullas lo que puede ser un exabrupto verbal.
Es el orador de las masa un tanto educadas, que las hay.
Y frente a las audiencias Avila se transfigura. Deja de lado los halagos y exilia de su verba toda suavidad romanticona. No hay en él ningún gesto inútil. Con patente de orador agudo y cáustico, ocupa los silencios como orador eximio.
A ratos cae en el lenguaje prosaico y con tal de sacar sonrisas, se pone vulgar, es cierto. Habrá que perdonárselo, pues la improvisación y el ingenio suelen hacer trastabillar al más pintado.
Serenamente, con tranquila posesión de su voz, entra en el tema que le interesa como Pedro por su casa.
Este libro es una suerte de antología de sus escritos más breves y de sus intervenciones en el Senado.
En "Habla Avila…" encontraremos cartas dirigidas a un diverso grupo de personas y homenajes varios celebrados desde el Congreso.
El senador radical es original y a ratos exagera su papel de estrambótico, aunque -las más de las veces- salen bien parado.
En su carta dirigida a Daniel López, remoquete del general Augusto Pinochet, le expresa con aire sardónico:
-"Daniel estuvo en conversaciones con don Francisco para declarar a Augusto niño símbolo de la Teletón, dado que en su silla de ruedas fue capaz de recolectar 12 millones de dólares"
Entre sus homenajes a personalidades hechos desde el Senado, asombra uno dedicado al empresario José Aravena. Avila lo recuerda como hombre hecho a sí mismo, que remplazó los estudios por el temple y la academia por el trabajo desde temprano. Y lo recuerda:
-"No hay que meterse con los bancos, sostenía. En eso estaba muy de acuerdo con Bertolt Brecht quien decía que robar a un banco es delito, pero más delito es crearlo. A pesar de ello respetó mucho a Jorge Yarur. Fue éste el único que le abrió una cuenta en el BCI"
"Habla Avila…" es un libro ameno, de ritmo ligero e histriónico, donde se salpican agudezas desopilantes con verdades fuertes.
No es un libro insustituible. Su acervo cultural no decaerá si no lo lee.
Pero si se lo salta, no faltará quien le refriegue en la cara que se perdió un buen aperitivo.
No se arrepienta…
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