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Crítica Literaria
Elizabeth Subercaseaux
VENDO CASA EN EL BARRIO ALTO

Rotos, pijes, siúticos, pitucos, cuicos, flaites y callamposos a secas van volcando sus vidas para llegar al nicho social del cual no quieren salir... ni que otros puedan aspirar.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Noviembre de 2009

Elizabeth Subercaseaux escruta sin afeites los códigos del chileno exitoso. Conoce sus avatares, siente piedad por sus fisuras y entiende su modo de vida, ese savoir faire del empresario al que le ha ido más que bien, que exhibe orondo su estilo de vida y hasta se jacta de ello.

No los condena, no hay admonición a esa forma de vivir, a ratos con artificios pero donde también brotan los gestos nobles.
Más bien los deja al desnudo, ironiza en torno a sus conductas y actitudes. Y es que perteneciendo a una casta privilegiada, son tan humanos como cualquiera. En ellos hay desgarro, aventuras y reveses que no los dejan tan distantes al ciudadano de a pié.

Es una casta a la cual no le gusta que la adocenen, pero tan vulnerable como cualquier otra. Es la condición humana, al decir de Malraux.

LA TRAMA

Alberto Larraín Errázuriz es un cotizado corredor de propiedades adherido al grupo privilegiado de la sociedad chilena. Desde su micromundo y egolatría disfruta en plenitud en el entorno social y familiar. Conocer de la psicología de quienes pululan en torno a su rubro ha desarrollado una técnica original y escasamente falible que consiste en reconocer intuitivamente la condición social donde debe vivir. Ese olfato para etiquetar a las personas de poco le va a servir para resolver los conflictos propios, en los que se verá envuelto y que amenazarán con pulverizar su vida envidiable, casi como para servir de ejemplo.

Es esta una novela que transita en el Chile de hoy, en un Santiago trepidante y salpicado con protagonistas fácilmente reconocibles, donde ficción y realidad constituyen una argamasa que identifica, entusiasma y hasta conmueve.

Los personajes de "Vendo casa en el Barrio Alto" no son maniqueístas ni de teleserie. Nos resultan familiares y son fieles exponentes del Chile del siglo XXI. Es decir, de un país que no ha logrado extinguir ese sambenito pretérito de castas, donde la más nimia de las actitudes o costumbres se podía clasificar conforme al rango social de quien la exhibía.

Rotos, pijes, siúticos, pitucos, cuicos, flaites y callamposos a secas van volcando sus vidas para llegar al nicho social del cual no quieren salir... ni que otros puedan aspirar.

La Subercaseaux es de las pocas mujeres chilenas con sentido del humor. Con sutil ironía incita a lector a bucear en la trama, a descubrir personajes, a quererlos, desecharlos o tomar distancia. Ello suele ocurrir cuando la novela está bien escrita, lo que acá se logra con creces.

El lector podrá fisgonear y hasta refocilarse en las intimidades de un grupo de chilenos al que solemos conocer en análisis sociales.

Aún así, nos podremos reconocer a ratos con esta jungla social tan variopinta.

Una novela que disecciona parte de la realidad social del chile de hoy.
Para leerla... releerla... y comentarla.

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