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Crítica Literaria Rolando Rojo CUENTOS DE BARRIOS
Cuentos de Barrios vale la pena leerse. La atmósfera de este libro es más apocada que trágica, pues el autor penetra certera y atinadamente en la psicología de sus personajes.
Enero de 2010
Por más dolores que se lleven a cuestas y aún internalizando que una cuota mínima de bondad hace más soportable la vida, los seres humanos insisten muchas veces en urdir sus propias y pecaminosas triquiñuelas.
Mucho de esto hay en los personajes de Rolando Rojo. Son seres cruzados por la fatalidad, por el optimismo postizo y por los dolores intermitentes. En síntesis, son seres humanos indescifrables e impredecibles. Hay demasiado al Debe del desgarro y poco al Haber de la algazara del simple hecho de existir.
Creo que donde el autor debe variar es en su prosa a ratos sin relieve. Jamás predecible pero de una textura muy plana.
Tiene todo el talento para hacerlo y ojalá estas palabras le sirvan para sortear aquello que es accesorio frente a su talento que le brota a raudales, en cuentos cortos y que no dan tregua al lector.
Muchos se sentirán identificados en su cuento "La Pensión de doña Rosa". Describe con rigor litúrgico esa atmósfera exasperante de una pensión variopinta con personajes de la más sorpresiva fauna humana.
Con su cuento "La Ultima Apuesta" me hizo recordar al inefable César Zavattini. Rolando Rojo narra una fiesta, aunque pone su ojo escrutador en aquellas confidencias impetuosas de quienes emplean reuniones de algarabía para contar sus cuitas personales.
Cuento humano... muy humano.
"Zapatos rojos con hebilla" nos transportará a nuestra época de adolescentes. La trama es simple, aunque subyugante. Un fugaz y auspicioso reencuentro con un amigo en un burdel, termina en una gresca descomunal. Acaso, el cuento más divertido...
Creo que Rojo ha hecho una contribución a la narrativa chilena. Su originalidad está en parte en que si bien evita tentarse con la alegría absoluta, también evita el facilismo de la tragedia pura.
Cuentos de Barrios vale la pena leerse. La atmósfera de este libro es más apocada que trágica, pues el autor penetra certera y atinadamente en la psicología de sus personajes.
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