Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
Septiembre de 2010


Jaime Valdivieso
IDENTIDAD, LATINOAMERICANISMO Y BICENTENARIO

Me sorprendió a ratos una defensa cerrada de ciertas causas y un afán deliberado por desconocer lo que Voltaire llamaba "razones de la contraparte".

¿Cómo podemos definir lo chileno y ser chileno? ¿Poseen los chilenos una personalidad básica o un carácter nacional? ¿Existe una raza chilena?

No deja de ser curioso que las preguntas por la identidad surgen preferentemente en épocas de crisis. También hay que dejar en claro que una de las constantes del pensamiento latinoamericano ha sido esa búsqueda frecuente y hasta apasionada de dar respuestas a la pregunta por la identidad, en parte por sus orígenes mestizos, y en parte por autoconsiderarse como permanentemente en crisis.

Otro aspecto que conviene recordar al momento de abordar el tema de la identidad, es que en América latina pasamos con facilidad pasmosa de la identidad nacional a la identidad latinoamericana. Puede ser por sabernos enclenques y por la necesidad de potenciarnos.

Referirse a la identidad chilena -aguachenta, en estado larvado, aún haciéndose- es arriesgarse.

Vale la pena el desafío.

Como casi todos los hispano-americanos, unimos a la especulación imaginativa una vanidosa ambición. Los chilenos somos de carácter normal, pródigos, hospitalarios, cautelosos, reacios a entusiasmarnos, parcos en los elogios y severos en la censura. A su vez, nuestra tendencia a la imitación es poderosa.

En este libro, Jaime Valdivieso analiza lo que para él consiste en el más grave y acuciante problema de nuestro país: su falta de identidad. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Empero, comete dos errores. Primero, manejarse desde una óptica maniqueísta, donde el pueblo araucano sería poseedor de virtudes que solo el autor ve;y que la aristocracia o la clase mandante ha estado preñado de errores. En otras palabras -al igual que Luis Edurdo Valcárcel- magnifica las cualidades del pueblo mapuche, y no admite logros para una elite que, con todos sus defectos, tiene a su haber logros imposibles de desconocer: transformó a esta tierra en independiente, y mientras Chile fue gobernado por una aristocracia severa, la nación estuvo "en forma" parodiando a Alberto Edwards y hasta llegó a ser previsora.

El pueblo mapuche deja un legado opaco. Cuando antropólogos de Europa o Estados Unidos escrutan las culturas de estas tierras, sólo diaguitas y atacameños logran cierto destaque.

Entiendo que por razones políticas se han exacerbado las condiciones del pueblo mapuche hasta llegar a cohonestar los hechos.

Pero, seamos francos y testimoniales. Su pasión dominante era la embriaguez. Este era su hábito social, el complemento obligado de fiestas y ceremoniales que gatillaba riñas y hasta muertes. Cuando la embriaguez no lograba excitarlos o el furor bélico no conmovía sus nervios, pasaban a la inacción, sentados en los márgenes de los ríos, tendidos bajo la fronda de los bosques, lo que hacía su carácter sombrío y taciturno.

Y que esto no nos impida reconocer su irrefrenable condición bélica. Nuestros militares se jactan con bastante razón de que nuestro Ejército jamás ha sido derrotado. Parte de ese éxito se debe al indómito pueblo araucano.

En el reverso de la medalla, de los españoles no podemos decir gran cosa.
Nuestros conquistadores eran del bajo pueblo, analfabetos, impulsivos, fanáticos, imprevisores, codiciosos y crueles. Inmersos en su codicia dejan de lado la razón para atender sus pasiones, lo que los convierte en insensibles hasta la crueldad.

Con todo, el ensayo de Valdivieso merece leerse, releerse y discutirse. Logra ser incitador, exalta pasiones y nos obliga a chequear nuestra batería argumental.

Me sorprendió a ratos una defensa cerrada de ciertas causas y un afán deliberado por desconocer lo que Voltaire llamaba "razones de la contraparte".

Me pasmó por el voltaje intelectual de Valdivieso y el rigor casi litúrgico con que analiza ciertos hechos.

Y bueno… un autor que no sorprende, no es un buen autor.

Y Valdivieso lo es.

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