Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
Noviembre de 2010


Jaime Collyer
PECAR COMO DIOS MANDA.
HISTORIA SEXUAL DE LOS CHILENOS

"Pecar como Dios manda" es un ensayo ameno, cosa extraña en un ensayo chileno.

Es muy cierto. Para conocer mejor la idiosincrasia de un país, es absurdo ignorar la historia de su sexualidad.

Hace algunos años un test aplicado a estudiantes de primer año de la Universidad de Chile (no recuerdo la carrera) reveló que un 20% de las mujeres no conocían su ciclo menstrual y eran incapaces de contestar diez preguntas básicas -de un total de veinte- en torno a la sexualidad femenina.

La campanada de alerta fue intensa y al poco tiempo la facultad de Medicina de la Universidad de Chile organizaba un Seminario para sus estudiantes intitulado "¿Por qué es importante saber de sexo"?

Tal pregunta puede ser una reducción al absurdo en sí misma. La duda ofende. Como si fuésemos torpes, inhumanos excluidos de la sexualidad. Pero el Seminario tenía un sentido, que se apoyaba en la orfandad de conocimientos acerca de una materia para la cual se debe estar preparado por la simple condición de ser humano.

Nada tiene de escandaloso que los humanos consideren importante saber de sexo. Más bien es inmoral e inhumano no saber de sexualidad o guardar silencio al respecto.

Presumimos como especie de ser los más evolucionados y sobre la base de ello ostentamos el poder de educar los instintos.
Convertimos el hambre en arte gastronómico, creando belleza educada para modular un acto reflejo alimentario de supervivencia.

De allí que el libro "Pecar como Dios manda. Historia sexual de los chilenos", debe recibirse como un regalo oportuno en una sociedad de gazmoñería tal, que los textos en torno al tema son escasos, cuando no, dirigidos a estudiantes de medicina.

Collyer ha hecho una obra didáctica y amena. Y nos sorprende al testimoniar la riqueza del erotismo del pueblo mapuche, atacameño y pascuence, lamentablemente no plasmada en la sexualidad castellana, tan parca, falta de imaginación y decididamente limitada.

El mestizaje -acota el autor- no dejó una sexualidad exquisita, como podríamos haber imaginado.
"Pecar como Dios manda" es un ensayo ameno, cosa extraña en un ensayo chileno. Descubriremos que el Gobernador de Chile Francisco de Aguirre (refundador de La Serena) consideraba un deber divino engendrar cuantos hijos fuera posible. Así justificaba sus más de cincuenta hijos ilegítimos, asegurando que tener hijos mestizos era un servicio a Dios más que un pecado.

Collyer nos devela que Lautaro exige al Gobernador que sustituye a Pedro de Valdivia que traiga treinta mujeres vírgenes españolas. Pero la exigencia era tajante. Pide el toqui que fuesen jóvenes, de cabellos rubios y entre 15 y 20 años.

Luego de una rigurosa investigación, el autor nos entrega el primer tomo de la sexualidad chilena, que cubre desde nuestros orígenes hasta la Colonia.

Un ensayo ameno y documentado.

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