Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
Diciembre de 2010


Juan Ignacio Mercapide
POESÍA EN LA CORNISA

El joven argentino Juan Ignacio Mercapide aborda los más diversos temas desde su óptica poética, y lo hace de la mano de ese pivote inasible llamado talento.

No hay poeta grande sin emoción. Y aquí estamos en presencia de uno grande. Podrá darnos el artista la visión de la Naturaleza, o la expresión de la muerte, o el sentido de lo finito, o las esperanzas o las desesperanzas del amor, pero si en sus versos no pone su espíritu y nos hace sentir, y nos hace amar, y nos hace reír, y nos hace pensar, por perfecto y sereno o maravilloso que sea en la forma, no habrá logrado gran cosa.

Allí estriba una de las diferencias de la poesía de Juan Ignacio Mercapide. No solo maneja magistralmente el lenguaje. Sabe perfectamente que primero hay que sentir para luego colocar la palabra adecuada, el sustantivo justo y el calificativo preciso. Y como Huidobro, su pluma lleva a la realidad aquello de que cuando el calificativo no da vida, mata.

Este joven profesor argentino se puede insertar en la poesía vanguardista, esa poesía moderna que prioriza el distanciamiento por sobre todas las cosas.

Es probable que Mercapide abuse del vanguardismo. Esto puede ser un defecto, aunque puede obedecer a un visionario que desea romper con los moldes excesivamente trabajados.

Habrá que esperar su próximo trabajo.
En su cosmovisión poética hay lugar para los temas más diversos.

Cuando le canta a la irreverencia de la realidad, lo hace de manera directa, sin afeites:

-"...no quiero exilio, ni lentitud de marihuana...
Mi generación fuma la pólvora blanca y húmeda que traen del norte.
Quema la yerba en fogata paranoica pasiva y egoísta ególatra.
Generación perdida, tal vez noche perdida. No me resigno.
Confundo revólver por conclusión, por lo persuasivo.
Besos con mar, por lo salado e intempestivo".


Aquí Mercapide tiene claro que muchas veces el poeta debe sacudir con su pluma el estado de letargia en que muchas veces nada nuestra sociedad.
En su hondonada poética hay lugar también para la asfixiante indiferencia que acompaña al amor extinguido, pero al que le quedan jirones de rabia:

"No me quieras, no me nombres, no me extrañes,
no me odies, no me reconozcas en la calle, ni en los peldaños sucios de la escalera.
No me veas en las fotos ni me reconozcas en tus costumbres.
No levantes la piedra que pueda iluminarnos(...)
No serán las biografías las que nos recuerden quienes fuimos.
Ni será nuestra indiferencia del uno con el otro.
Será un gesto, un ápice, una voz, una cara una palabra,
Pronunciada con cadencia de ruina fantasmal"


Mercapide, el profesor, el docente de La Plata ha debutado a lo grande en el Parnaso poético argentino.

Sabemos que la poesía es expresión genuina del sentimiento humano, de indefinible encanto y que halaga y hasta suspende el ánimo, infundiendo suave y puro deleite.

La poesía de Mercapide es tan limpia como el agua. Apela al artificio tan sólo para sacudirse del estilo hiperventilado y rimbombante. Es directa, sin remolinos. Y tal vez haya que releerla para percatarse de ello. Pero acaso lo más importante, es que le canta también a la miseria humana, a la parte no excelsa ni bella de la existencia.

Es parte de la donosura de la poesía de Juan Ignacio Mercapide, que me induce a recordar las palabras de J.A. Froude: -"The poet is the truest historian" (el poeta es el historiador más verídico).

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