Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
Mayo de 2011


Manuel Dannemann
EL MESTER DE JUGLARÍA EN LA CULTURA POÉTICA CHILENA
Su Práctica en la Provincia de Melipilla


Se trata de un ensayo que mixtura el binomio seriedad/amenidad y fraguado hasta con afanes pedagógicos.

El autor nos advierte que le gusta más el término cultura poética, en vez de hablar de poesía como un objeto.

Ya en la presentación del libro, Dannemann agradeció efusivamente a muchos colaborares, como la familia Barros Aldunate, dos de los cuales ya dejaron esta existencia. Tuvo conceptos apologísticos hacia Raquel -la líder de ese clan familiar- con quien trabajó muchos años en la Universidad de Chile, en lo que es recordado como el período de apogeo del Instituto de Estudios Musicales.

Corría el año 1958, cuando Raquel Barros colaboró estrechamente junto al profesor Dannemann escribiendo un trabajo titulado "La Poesía Folclórica de Melipilla", publicado en la revista musical chilena. Fue ésta la primera aproximación seria y relevante en torno a la significación de esa tradición medieval, adaptada en nuestro país, aunque con ribetes locales que le hacían muy sui generis.

De ese trabajo recogido en Melipilla data esta cuarteta:
"Salió la lunita un día, por los campos sin consuelo,
clamándole al alto cielo,
que le quitara la vida
".
El Mester de Juglaría, el mester como oficio o como actitud ante la existencia debe ser escrutado en su paisaje biográfico para entenderlo a cabalidad. Ya escucharlo es un placer, aunque si buceamos en las vida de estos artesanos de la palabra, la dicha de oírlos se transforma en éxtasis.
El origen de estos artistas populares se remonta a las épocas greco-romanas, aunque ya en el medioevo español logran destaque propio.
En el siglo 18 podemos decir que están tan posicionados como cuestionados.

En la cultura poética chilena, el mester de juglaría asoma y descuella con luces y estilo propios. Y es que no se trata tan solo de poesías como textos o formas. Se trata de una cuestión más precisamente de sello eventualista. En otras palabras, dirige su atención hacia el comportamiento del ser humano frente a esos textos. De este modo se "ordenan" y adquieren sentido pleno a través de la sociedad, incluyendo hasta los matices psíquicos que cada uno de los autores le va proporcionando.

Huelga decir que esta práctica tiene como escenario en la provincia de Melipilla, otrora un departamento llamado Logroño de San José.
En el libro se incluye un interesante estudio preliminar escrito por un sacerdote alemán, integrante de la congregación del Verbo Divino. Allí se explica el concepto de la voz pillán. Paradojalmente, implica una multiplicidad de posibilidades significativas, aunque sugiere que Melipilla sería una zona de cuatro antepasados ilustres. Es decir, de cuatro pillanes.

El autor se llega a preguntar acerca de la historia de la poesìa y sus alcances. Por ejemplo, ¿de qué tipo de poesía? ¿Hay más de una poesía? ¿Cuantas podemos valorar desde el punto de vista del imaginario colectivo? ¿En cuántos cuantas tipos de poesía pueden concordar legos y expertos en la materia? ¿Tienen ellas una ecuación común? Desde una óptica eminentemente cultural y antropológica, el profesor Dannemann se inclina por considerar tres tipos de poesía. Primero: una poesía más bien literaria, que se engarza con el goce estético.

Segundo: una poesía de autores con mucho de individualidad, donde cada uno pone el acento conforme a sus andaduras personales. Aquí predomina lo psíquico en lo tocante a su inventiva. Hasta podemos decir que se trata de una poesía anímica. En tercer lugar tenemos la denominada poesía popular, que el autor prefiere llamar poesía popularizada.
Aquí anida una mayor prevalencia de lo social que en el caso de la poesía literaria.
Es una poesía de fácil difusión y todo indica que está hecha para esa finalidad.

En síntesis, se trata de un ensayo escrito con el rigorismo que caracteriza al autor. Un estudio que mixtura el binomio seriedad/amenidad y fraguado hasta con afanes pedagógicos.

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