Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
JUNIO de 2011


Gabriel Salazar
CONVERSACIONES CON CARLOS ALTAMIRANO


No hay citas ni párrafos de discursos de Altamirano en el pasado. Bastarían dos o tres para cohonestar y/o desbaratar el sentido del libro, un intento vano por lavar la imagen de un político que ya no fue capaz de expiar sus propias culpas.

Salazar pregunta y lo hace bien, con acopio de antecedentes, de forma aguda y preparada. Pero, lo hace de forma unilateral. Se sabe amigo de andaduras, sueños y proyectos de su entrevistado. Luego, le es imposible prescindir de su lado afectivo. Lo trata como el que intelectual que es, pero obviando materias que esperábamos fuesen mejor tratadas.

Hábilmente, el autor asocia el socialismo con sueños que no han sido plasmados en ninguna colectividad política actual. De paso, entrevistador y entrevistado se refieren con nostalgia a la movilización de masas que lograba este sistema, hoy ya parte de la arqueología política.

Por cierto, no hay mención alguna a los hechos que pudieran pringar al socialismo, al que se trata de blindar de todo acto colindante con lo totalitario.

Ello explica que no haya referencia a la ayuda que pidiò el PS chileno post Pinochet al lider de Libia Muammar Kaddafi. Tal mención daría al traste con la idea socialista impoluta y ajena a toda dictadura que se pretender ofrecer en el libro.

En la actualidad sabemos que un representante de cada partido de la ex Unidad Popular -hoy con forzadas credenciales democráticas- participaron en el encuentro con Muammar Kaddafi. Josè Miguel Insulza, por el Mapu (hoy en la OEA), Jorge Arrate por el PS, Luis Guastavino por el PC, Luis Maira por la IC y Benjamín Teplizky por el Partido Radical formaron parte de esa comitiva.

Hubiese sido mal visto admitir que la izquierda chilena intentaba derrotar a la dictadura de Pinochet apelando a uno de los mas deleznables dictadores del siglo XX. En consecuencia, el hecho ni se menciona tangencialmente en el texto de Salazar.

Al momento de fustigar el modelo liberal, el autor invita a Altamirano a desmenuzar el sistema, pero al acometer el área económica cometen ciertos errores dignos de ser aclarados.
Por ejemplo, Altamirano señala que "en Dinamarca la carga tributaria es del orden del 45 por ciento del producto, en cambio la carga tributaria en Chile es del 17 por ciento. Chile es una especie de paraíso tributario para los capitalistas privados". (¡SIC!)

La aseveración es muy grave para no citar fuentes, lo que no hace Altamirano.

Por los quilates intelectuales del entrevistado, impresiona ver cómo detrás de frases empalagosas y lanzadas "para la galería" con la debida grandilocuencia, se esconde una liviandad imperdonable en quienes fueron figuras públicas de relieve.

En su testaruda crítica al sistema liberal Altamirano cae en ese lenguaje de barricada que creíamos proscrito de los socialistas realmente renovados. (Tal vez el ex senador no lo sea).

¿Quién no ha escuchado más de alguna vez que, para solucionar la inmensa desigualdad que existe en Chile en la distribución del ingreso, debiéramos aumentar los impuestos a los que más tienen? "Que paguen los ricos", es una mera frase consignista que -pese a estar esclerótica- aún parece captar incautos.

El problema de la distribución del ingreso en Chile -que es real y acuciante- no se soluciona con mas tributos, sino con una efectiva focalización del gasto del dinero recaudado hacia los sectores mas desposeídos.

En otras palabras, no se logra nada con cobrar impuestos con tasas del 45% a los sectores de mayores ingresos, si esos recursos se quedan en burocracia, gastos reservados o hasta en honorarios.

Por otra parte, entrevistador y entrevistado logran un scanner al capitalismo actual de un rigor casi litúrgico. Hubiésemos esperado el mismo exhaustivo rasero para escrutar las razones del ocaso del socialismo, el hecho más importante del siglo 20 a escala planetaria y que en el libro es tratado como una mera cuestión episódica.

Las razones del fracaso del socialismo merecían capítulo aparte, pero no hay tal.

Al decir del sentido común, para saber qué sistema ofrece mejores opciones de vida, es cosa de ver hacia donde arranca a la gente.
Luego del 11 de septiembre de 1973 fueron pocos los hombres de izquierda que eligieron países como Cuba o de la entonces Cortina de Hierro para radicarse transitoriamente. Y es que a la hora de la verdad, el pragmatismo prevalece siempre sobre la teoría, más aún cuando el pellejo de cada cual está en juego.

Para Altamirano, "el socialismo chileno es campeón mundial del neoliberalismo" (Pág. 493), y hay una crítica a los presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, a quienes sindica como los mas fieles exponentes del socialismo neoliberal.

En pocas palabras, no existe la autocrítica de Altamirano.

Ella es nula o inexistente. Decir que la Unidad Popular habría carecido de una "fuerza armada" para dar sustento al proceso revolucionario es minimizar las culpas de la facción extrema del PS chileno de entonces, liderada por el propio Altamirano.

Lo dijo Voltaire hace años y la frase -a ratos manoseada- sigue vigente: "Aunque hable desde el presente, todo político debe hacerse cargo de su pasado".

En "Conversaciones con Altamirano" no hay mención a los discursos febriles e incendiarios del ex secretario general del PS, piedra angular de la división socialista en la era de la Unidad Popular y -en consecuencia- factor coadyuvante del fracaso de ese conglomerado político.

Y es que no todo ha de ser achacable a la intervención norteamericana de la época. Es cosa de revisar los Informes del MAPU de 1973, necesarios pero que extenderían en demasía este comentario.

Finalmente, debo decir que -con todo- no recuerdo que haya caído a mis manos un ensayo tan interesante de dos intelectuales tan equivocados.

Incitador y necesario para quienes nos reconocemos amantes de la Historia.




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