Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
AGOSTO de 2011


Alberto Cardemil

SÚRICA

Un libro que revela sabrosas anécdotas de campo.
El autor es el mismo Honorable diputado, que goza tanto montando una yegua en un rodeo… que cobrando la suculenta dieta.

El libro se llama "Súrica" y el autor es Alberto Cardemil. Claro, el mismo Honorable diputado, que goza tanto montando una yegua en un rodeo… que cobrando la suculenta dieta.

Cierto día llegó un huaso a las oficinas de Chiledeportes. Con la humildad prístina del hombre de campo dijo al director:

-Guenos días… vengo a inscribir un record mundial.

El aludido quedó pasmado. -¿Un record mundial? ¡Qué bien, porque en Chile tenemos muy pocas marcas a nivel planetario! ¿Y cuál sería ese record?

-Resulta que yo corro los cien metros planos en 7 segundos.

El hombre no pudo menos que sonreír:

-Discúlpeme, pero usted está en un error. El record mundial lo tiene Mr.Bold, que los corre en 9,8 segundos.

El huaso lo miró con picardía criolla y espetó:

-¡Así será pu'iñor, pero resulta que yo conozco un atajo!

El huaso chileno es un tipo cachazudo, que ama a su tierra y sus costumbres por sobre todas las cosas. El campesino chileno no tiene ojos más que para su entorno, que pasa a ser su mundo. Para él no existe nada más que lo suyo. Ese cariño ancestral por su tierra lo expresa en una sabiduría popular que vale y dice más que mil tratados.

Conocí un hombre de la gran urbe que visitó el campo para adentrarse en sus costumbres. Montó a caballo y se cayó a los cinco segundos. El huaso que lo miraba expresó:

-¡Jutre que no traga tierra, tierra que se traga al jutre!

El campo tiene su encanto natural, su argot propio y costumbres un tanto distantes del hombre urbano. El huaso es macuco y cándido a la vez. Maneja una lógica literal y está dotado de una imaginación que ya se la quisiera Julio Verne.

Traigo esto a colación luego de leer "Súrica" la reciente novela de Alberto Cardemil (sí, el mismo) que consta de 163 páginas y constituye una auténtica oda al campo chileno.

Yo -que soy talquino y angolino- entiendo más o menos bien el modo de ser del huaso chilensis.

El huaso auténtico vive enfrentado "cara a cara" con la naturaleza y no podría vivir en la ciudad. He visto a campesinos contemplar embelesados por horas a una yegua pariendo y encontrar bella a la más desproporcionada y famélica de las vacas. Los días de trilla se emocionan y son capaces de comer alfalfa con tal de acompañar por días a un caballo enfermo. Los entiendo. A mí me pasa lo mismo con los perros.

El huaso chileno es desinteresado.

El hombre rústico de nuestro campo huye del poder, al que intuye enfermizo, algo satánico y poseedor de malas vibras. Abomina tanto de la anarquía que se siente más protegido por un orden injusto que por el desorden.

"Súrica" es un lugar imaginario, aunque con mucho de valle Central y secano costero. El autor sabe, conoce y vibra con el campo, razón por la que sus personajes parecen extractados de la más irreverente realidad. No tiene necesidad de recurrir a la ficción. El cuento "Miseria de hombres" refleja a la perfección lo que dije antes: el huaso ama a su tierra por sobre todas las cosas.

El libro nos hace participar del acervo campestre, de sus decires, costumbres y esa facundia directa que no sabe de eufemismos.

El huaso jamás le saca el poto a la jeringa.

Aún recuerdo cuando mi madre me llevó a Talca a conocer el campo de sus ancestros. Alguien me quiso enseñar a ordeñar una vaca y yo dije que me bastaba con mirar para aprender en seguida. On Pedro, entre ducho y sabio, me miró con compasión y me dijo:

-Amigo Jorge… esto no es llegar y soplar.

La expresión no la olvidaré jamás, pues se trata de la manera en que el campesino quiere significar que hay cosas que no son tan simples de hacer.
No lo olviden: el libro se llama "Súrica", es de editorial Zig-Zag y el autor es Alberto Cardemil. Claro, el mismo Honorable diputado, que goza tanto montando una yegua en un rodeo… que cobrando la suculenta dieta.

Léanlo.

No se arrepentirán.




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