Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
ENERO 2013


ARTURO ALESSANDRI PALMA Y SU ÉPOCA: VIDA, POLÍTICA Y SOCIEDAD

La Biblioteca del Congreso Nacional ha tenido la loable iniciativa de editar este libro/homenaje a uno de los escasos genios que ha tenido la política chilena.

Político embrionario, parlamentario fogoso en grado supremo, humano por sobre todas las cosas, quien ejerciera la presidencia de la República en dos ocasiones fue de esos seres excepcionales nacidos para marcar surco y camino.

El libro -confeccionado en grueso papel couché y con fotos hasta ahora no conocidas- cuenta con el auspicio de la Biblioteca del Congreso Nacional. Pero tiene un elemento complementario simplemente formidable: un CD con un extracto del discurso de Alessandri Palma -1920- en su condición de candidato de la Alianza Liberal. ¡Una joya para quienes gustamos de este tipo de archivos sonoros!

Gobernante visionario, cumplió a cabalidad con ese axioma que señala que político es quien piensa en las próximas elecciones; estadista, quien piensa en el bien supremo del país.

Con acendrada e inquebrantable vocación pública, el mismo se declaraba cesante cuando estaba fuera de La Moneda. Su frase comodín, "no quiero, no debo y no puedo" la empleó a su entero amaño para desempeñarse en el tablero del ajedrez político con la astucia del gamo y la visión de un lince.

Era el político por antonomasia, el que pispaba la coyuntura política de manera original y en el momento inesperado, único, con flexibilidad de juglar, para advenir nuevamente al escenario de la procelosa arena pública, presentándose ante aquellos mismos que antes le hubiesen sacrificado sin vacilar.

Es en la adversidad donde emerge el tribuno imponente, el político cachazudo y el macuco de la POLITICA con mayúscula. Entonces, sortea las suspicacias legítimas de sus auditores y epígonos, exalta sus atributos, y aquellos que condenaron acremente el hostigamiento de sus más destacados parlamentarios y voceros por parte del mismo caudillo, que vibraron horrorizados ante la masacre del Seguro Obrero y que pedían a gritos su cabeza, se estremecen de fervor, se prosternan ante la audacia y la elegancia tribunicia de este hombre sin parangón en la política chilena. Y le aplauden rabiosamente, sin parar, una, dos… las veces que sea necesario.

Arturo Fortunato Alessandri Palma, cualesquiera hayan sido las sinuosidades de su trayectoria política, no dejó jamás de ser del pueblo, de pertenecer al pueblo y de ser portavoz de sus ideales y requerimientos. Sus opositores y quienes deseaban desplazarlo asoman entonces insuficientes, vacíos, torpes e impreparados. Se perciben como marionetas a su lado, desmañados, carentes de la flexibilidad tribunicia, del encendimiento magistral de este viejo zorro político, hasta con trazas de taumaturgo de un pueblo que -en medio de sus veleidades- jamás dejó de aplaudirlo y admirarlo.
Escrutador profundo de nuestra idiosincrasia, fue un genuino prestidigitador de las masas, el hombre que habría de llevarlas -cuando quería- por los caminos que se le ocurriesen y que sería seguido con espíritu agitado y ánimo resuelto.

Con virtudes republicanas irreprochables y un carácter levantisco, "El León de Tarapacá" no podía sino entusiasmar.

Supo testear mejor que nadie el ánimo nacional, oscilante y maleable. Pero su visión de estadista iba mucho más allá de la apoteosis del momento. Un par de ejemplos lo demuestran de forma palmaria. En su programa/discurso de la Convención Presidencial, el 25 de abril de 1920, recuerda:

-"Como ministro de la administración del presidente Barros Luco, en 1913, tuve la honra de elevar al Congreso Nacional un proyecto de ley en que el Ejecutivo, por primera vez en Chile, pedía que se estableciera el Impuesto a la Renta".

Y acá va otro ejemplo decidor:
-"Ha llegado ya la hora de afrontar con seriedad y con valor la descentralización política y administrativa de este país. Démosle autonomía a la provincia, démosle personalidad propia, para que tenga injerencia directa en la elección de sus autoridades, en la inversión de los caudales que a ella se le adjudiquen, para atender sus servicios particulares y en todo lo relativo a los servicios públicos locales. Reservemos la acción del poder central sólo para los asuntos de interés general, para aquellos que miran al bienestar y al progreso del país entero".
(Mensaje presidencial al Congreso Nacional, 1 de junio de 1921)

En estas palabras encontramos lo que podríamos denominar los inicios de lo que mas tarde llamaríamos regionalización.

Hacia el año 1893 recibe su título de abogado. Para tomar su licenciatura en Leyes y Ciencias Políticas, presenta a la Universidad una memoria cuyo aspecto central sorprende por lo adelantado para la época, pues trata de las habitaciones para obreros y la necesidad de una legislación que las mejore. Sería el primer atisbo público de una preocupación constante hacia las clases desvalidas que más tarde -siendo presidente- habría de ampliar y plasmar en una legislación pionera en América Latina.


SENTIDO DEL HUMOR

Su brillante jaculatoria contrastaba con ese lenguaje chusco y vernacular del que hacía gala entre contertulios amigos. Comentarios irreproducibles salían de su boca, como el que le endilgó a su ministro Morales Beltramí, cuando supo de su nuevo matrimonio.

Hacia 1949 -siendo leyenda y presidente del Senado- es interpelado por un parlamentario de pocas luces y ante un hecho de poca monta. Alessandri lo escucha pacientemente y -lejos de encolerizarse- le contesta con la pasmosidad del sabio político que era:
-"¡Cuando el León está viejo, hasta el burro lo mea…!"

Sus anécdotas son muchas…
En Temuco, año 1920. Pleno invierno. En una intensa campaña electoral, "El León" habla del frío imperante y de las inclemencias del tiempo que debe e soportar el pueblo. Entonces, tomando un abrigo lo arroja a la multitud, que lo sigue aclamando. Cuando se une a su grupo, Cornelio Saavedra -su amigo- le refunfuña:
-Bonito tu gesto, pero el abrigo que tiraste era el mío…
La respueta de don Arturo vino con la rapidez del rayo:
-¿Y qué querías… que tirara el mío, huevón?

En otra ocasión hubo de enfrentarse en plena Plaza de Armas de Santiago con una mujer poco agraciada, que lo insultaba permanentemente. Con presteza, un policía se acercó a la mujer para detenerla, pero fue interrumpido por el viejo León:
-No la castigue, por favor… Ya la Naturaleza la castigó bastante.

En otra ocasión, un opositor político, a la entrada de La Moneda, le endilgó estas palabras:
-¡Viejo huevón…!
Respuesta de Alessandri:
-¡Por Dios, qué indiscreta es tu mujer…!

Sin duda, fue también un monarca del ingenio mordaz y repentista Don Arturo no desmentía su sangre napolitana, admitía su apasionamiento, aunque siempre hacía saber que era respetuoso de todas las ideas.

Y el mismo lo relata al contar su nacimiento y bautismo:
-"Yo nací en la hacienda 'Quinta de Longavì', que trabajaba mi padre, cerca de Linares, en una casa con techo de totora. Allí nací, de manera bastante sorpresiva, según contaba mi madre. Una pobre mujer de campo asistió a mi madre en aquel trance. Me han contado que mi padre le trajo agua para que se lavara las manos, y ella le dijo:'No señor, esas son cosas de rico. Yo no me las lavo nunca'. Poco después de mi nacimiento, mi padre me llevó a un cura de apellido Vivanco -en Linares- para que diera misiones.

En esas misiones bautizaron a muchos niños y, entre ellos, a mí. Mi hermano José Pedro contaba riéndose que mi madre para evitarme un resfrío había entibiado el agua bendita. Pero como quedó muy caliente, hubo que agregarle agua fría. De ahí deducía mi hermano que yo estaba bautizado la mitad con agua bendita y la otra mitad con agua laica, como presagio, decía, de mi futura tolerancia para alternar con creyentes y no creyentes. Y en efecto, mi temperamento ha sido siempre tolerante. No pregunto a los hombres qué creencias tienen. Me basta que sean honrados y sinceros".


A SU MUERTE

No deja de llamar la atención que a la hora de su muerte, uno de los más sentidos homenajes a este tribuno de excepción y patriarca del Partido Liberal, haya provenido de una figura de pensamiento muy diverso, como el socialista Salvador Allende:
-"El laborioso caminante de medio siglo de nuestra historia patria…es el caudillo popular que con su encendido verbo, que es campana y llamarada, demuele prejuicios, aplasta rancias ideas y lleva por los caminos de la ilusión a las explotadas multitudes…por eso el pueblo ha venido a llorarlo, a cubrirlo con lágrimas obreras, que son lluvia de piedra y trabajo, a cubrirlo con lágrimas de mujer, que son llanto de madre y de fecundidad".

Dije al comienzo que Alessandri nació para marcar surco y camino, para hacer historia y dejar en su obra la impronta de los que saben que vienen a este mundo a cumplir una misión encomendada a unos pocos escogidos, que unen la palabra a la acción.

Como Portales, Alessandri -en este aspecto- no pertenece a la intelectualidad, químicamente pura. Al igual que el ministro asesinado, estaba dotado de una amplia cultura aunque carecía del rigor académico y severidad científica. El vuelco total hacia el servicio público se lo impedía.

En fin… Alessandri fue una figura de resolución y de acción, y a través de esa intuición genial captó con la debida antelación los anhelos e inquietudes de todo un pueblo. Vibró con ellos, rió y lloró con ellos. Es decir, sintonizó con el termómetro popular, que lo llevó en andas a la primera magistratura, y lo lloró sin consuelo cuando dejó el mundo terrenal.

Una vez más cabe felicitar la iniciativa de la Biblioteca del Congreso Nacional. Un libro necesario para los epígonos de la historia, e imprescindible para los amantes de ésta. Se escogió a uno de los más preclaros presidentes que ha tenido nuestro querido Chile. Y es que a don Arturo Alessandri Palma le sobraba eso que Unamuno llamaba "hombritud".




Por favor, sus comentarios y evaluación. Gracias.

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