Piramides de Egipto
Bookmark and Share

 
 
 
 


JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
CRITICA LITERARIA
Diciembre de 2013


Doctora María Luisa Cordero

"LA DOCTORA AL ATAQUE"

- María Luisa Cordero lanza libro en su particular estilo: ácido y deslenguado.
- La Doctora al Ataque, ya se ha convertido en un éxito de ventas.

Luego de un receso tan prolongado como voluntario, la doctora María Luisa Cordero ha vuelto a los libros; y en esta oportunidad de la mano de "uqbar Editores".

¡Enhorabuena!

En su estilo mordaz, a ratos cáustico, pasa revistas a una cascada de mañas, defectos y lacras nacionales, esa adheridas de manera tan atávica que nos ha sido imposible erradicar, a despecho de un desarrollo económico que sería absurdo desconocer.

¿Cómo somos los chilenos? ¿Es aguachento el carácter nacional? ¿Existe realmente lo chileno, o somos un supermercado de ideas, modas y costumbres? ¿Por qué el chileno es inconstante y sólo hace las cosas cuando tiene ganas? ¿Acaso sin ganas no seguimos existiendo?

¿Cómo un trozo de faja tan largo como estrecho ("la corbata de sudamérica") puede interesarle al mundo de Europa, Asia y Estados Unidos, donde pasan las cosas interesantes?

Quedamos confinados en el patio del mapamundi, razón por la que hasta el bien adentrado el siglo 20, venir a Chile era poco menos que practicar turismo-aventura.

ENTREVISTAS EN VERTICE2000

Pongo como ejemplo el caso de Enrique Caruso, el gran barítono italiano. Allá por el año 1917 fue contratado para actuar en Buenos Aires. Un grupo de chilenos viajó hasta allá para contratarlo y traerlo a nuestro Teatro Municipal. Las platas estaban acordadas, pero el divo italiano del bell canto se retractó cuando le dijeron que para llegar a Santiago, debía atravesar parte de la cordillera en burro, viaje que duraría -por lo menos- siete horas y media.

Hasta ahí llegó el intento.

¿Somos protagonistas de segunda o tercera fila del acontecer mundial? ¿Tenemos cultura propia, o ésta es de rebote? ¿Cuál es nuestro arco de influencia a nivel sudamericano y mundial?

¿Por qué algunos rasgos logran tanto destaque hasta llegar a tipificar una determinada sociedad?

¿Qué más engreído que un argentino? ¿Qué más amigo de la juerga que un brasileño? ¿Y qué más indiferente que un inglés?

Vicente Huidobro, el máximo genio de las letras chilenas, aseguraba que hay que desarrollar los defectos, "porque son lo más interesante de cada cual". Exagerado, por cierto, pero una clara incitación a reconocernos en nuestra condición menos edificante.

Como toda nación en estado larvado, somos una mixtura de mitos y realidades. En nuestro país los mitos están subsidiados y la realidad se cohonesta cada vez que la experiencia nos invita a mirarnos de frente.

Nos gusta pensar que alguna vez nuestra bandera fue elegida la más hermosa del mundo. Y no nos gusta constatar que eso fue una minucia propia de la camaradería surgida al calor de unas cuantas copas. El mito se originó en Blankenberghe, un balneario belga en el mar del norte, donde un grupo de veraneantes realizó en 1907 un concurso de banderas. Las familias de la señora Rojas de Bacheker y la de Felipe Casas Espínola presentaron la chilena, que obtuvo el primer premio. Queda claro que no se trataba de un concurso oficial, sino más bien de un pasatiempo de veraneantes, y sólo participaron unos cuantos países.

Somos un país en la Edad del Pavo, con ganas incontenibles de crecer, por lo que cometemos errores propios de un adolescente precipitado.

Creemos que vamos a arreglar los problemas con leyes y reglamentos, pero no los cumplimos. "Hecha la ley, hecha la trampa", decimos con sorna. Entonces los deformamos, les torcemos el camino a esos mismos reglamentos, con lo cual la perfecta legislación que nos enorgullece, se transforma en una sucesión de inútiles gabelas.

Parte de nuestro ADN es la irresponsabilidad, la imprevisión (prima de la primera) y el pánico al ridículo, que aborta muchas iniciativas y castra la creatividad de muchos de nuestros jóvenes. Esa timidez patológica hace que en el chileno -subrepticiamente- exista una camuflada admiración hacia el argentino, bastante más asertivo, seguro de sí mismo y sin temor al qué dirán. Y como si fuera poco, son buenos para el fútbol, nuestro deporte nacional. Cierto, porque el rodeo no entusiasma a nadie y fue declarado como tal por un acceso de patriotismo equivocado.

He llegado a pensar que somos el país de los discursos y de los desfiles. He visto velorios en que los discursos han agotado la paciencia de los deudos, aunque al muerto se lo prodiguen los más bellos e inmerecidos epítetos.

Cuando entramos en confianza no hablamos castellano, sino chileno, o sea tragándonos las eses, sin respetar la letra d y cuajando la conversación de chilenismos, donde el huevón y la huevá cuentan con demasiado favoritismo.

Pero a la hora de los velorios y hacer uso de la palabra en un estrado, nos encantan las frases floripondiosas y el castellano académico. ¿Epítome de las virtudes públicas y vicios privados que se dan con facilidad en nuestra tierra?

Puede ser...

ENTREVISTAS EN VERTICE2000Jorge Abasolo junto a la doctora María Luisa Cordero, el día del lanzamiento de su libro.


En "La dotora al ataque", la autora se refiere a nuestras instituciones, a los defectos que nos impiden ser mejores y más felices como país, a la política, a la depresión y también al hastío que experimentan la mayoría de los chilenos al llevar vidas hueras, con escaso o nulo sentido, llenas de ipad, liquidaciones y arribismo en su máxima expresión.

Tenemos la cultura del alambrito, la práctica del parche y la solución transitoria. Nos gusta llegar tarde y hablamos todo en chiquito intentando agradar a nuestros contertulios.

Somos proclives a complejizar lo simple y banalizar lo serio. Somos de carácter chúcaro, lo que me hace pensar que vamos de la mano con nuestra colérica y eruptiva geografía. Somos solidarios, pero en la desgracia.

Nos encanta botar a ídolos con la misma facilidad con que los encumbramos. Desconfiamos de la inteligencia nacional, y cuando alguien hace noticia mundial por algún record o descubrimiento, pensamos que se han equivocado de país.

No nos gusta la verdad oficial y abominamos de los que nos dicen la verdad sin afeites. Tergiversamos los hechos para dar sensación de ecuanimidad. "Allende no fue tan mal presidente y Pinochet no era mal gallo".

En fin...

La nación es un hecho psicológico. O mejor dicho un carácter, en palabras de Salvador de Madariaga, ese español que vino a enseñarnos de todo, menos de envidia. En buen chileno, somos una combinación de cualidades y virtudes.

En las siguientes páginas desfila un Chile distinto, el que no se encuentra en la historia oficial, tan renuente a ver a nuestros héroes con debilidades, pifias y complejos.

Se trata de hacer un esbozo de nuestras virtudes, taras, cualidades y defectos. Y de lo que no se trata es de buscar una chilenidad de utilería, capturada en el fragor de una anécdota o un hecho incidental.

Se trata de narrar ciertos episodios, y darles una interpretación. Y eso pasa -inexorablemente- por el juicio interpretativo, una práctica en desuso en nuestro país.


Párrafo escogido:

-"El Servicio Nacional de Menores es el ejemplo más claro de que en Chile las instituciones no funcionan. Un conglomerado de funcionarios que nadie controla está a cargo de los niños marginales de nuestro país, con historias de vida siniestras, que han sido abusados física y psicológicamente".




Por favor, sus comentarios.
No use tildes ni la letra ñ. Gracias.

HTML Comment Box is loading comments...
Compartir en Facebook