Piramides de Egipto
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EL PAÍS DE GABRIEL GÁLVEZ

"Chile, el país de los weones", un título picaresco para algunos; muy audaz para las mentes pudibundas que practican los vicios en privado y las virtudes en público.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Febrero de 2010

Tamaña sorpresa me llevé en la Feria del Libro de Viña del Mar.
El libro más vendido fue "Chile, el país de los weones", escrito por el polifacético constructor civil y artista innato, Gabriel Gálvez.

Un título picaresco para algunos; muy audaz para las mentes pudibundas que practican los vicios en privado y las virtudes en público. El libro contiene apenas 99 páginas, de lo que se desprende que no cabían mas weones.

Editado en papel couché y con ilustraciones originales, Gálvez pasa revista a los principales personajes de esta angosta y enjuta faja de tierra. Asoma el weón fresco y hasta el weón care'palo, ese capaz de tirarse un peo en un velorio y echarle la culpa al muerto. Incluye también al weón patudo, aquel capaz de vender coca y darte boleta.

Una de las tipificaciones más certeras es la del weón pesado, ese que camina orondo por la vida y sacando más pecho que un jorobado al revés. El pesado de sangre está convencido que cae mal en muchos lugares por su asertividad de tipo argentino, su carisma de brasileño y su disciplina de germano. El hipérbole nacional ha sacado su ingenio a raíz de los pesados. Algunos ejemplos:
-Mas pesado que escapulario de colchones
-Más pesado que ensalada de ripio
-Más pesado que un tanque a pedales
-Más pesado que prueba global de química

Otro acierto en este libro lo brinda el weón apretado, ese tirado con honda para organizar asados sin ponerse ni con la sal, menos con la carne o sus correspondientes aderezos. Son mas apretados que tuerca de cohete y hay algunos que llegan a colocar el Decomural de sus casas con alfileres… por si se cambian de residencia.

Aunque el autor asegura que el chileno tiene sentido del humor, yo insisto en que el humor del chileno es ocasional y brota en los episodios aciagos, de esos que incitan más bien a callar… o a llorar. Cuando algo le sale mal o no en consonancia con sus deseos, el habitante de este país suele exclamar:
-¡P'tas… bien dicen que Dios es chileno!

Cierto. El chileno tiene la alegría del incendio y del velorio.

Volviendo al libro, Gálvez también dedica una página al weón farandulero. Ese que se maneja en los entresijos de los sets televisivos y está al día con las cuitas de los ídolos de barro de nuestra TV. Prefiere saber y contar con quien está saliendo Camiroaga, con quién se acuesta Anita Alvarado, la geisha chilena.

Un libro ideal para leer durante este verano.

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