Piramides de Egipto
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LOS PLACERES DE AGUINIS

Se los recomiendo. En el capítulo destinado al amor hay cosas muy enjundiosas.

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Mayo de 2010

Marcos Aguinis es -a mi juicio- el intelectual más importante de Argentina, cuya exquisitez de pensamiento hace grato cualquier tema que aborde. Puede escribir sobre la proyección bipolar cónica, oblicua y conforme, hacer un tratado acerca del agua hipotónica isotermal yodada o elogiar las bondades de la impostergabilidad de la concientización y sus bases fenomenológicas y subyacentes...y todo lo hará interesante y fácil de digerir al lector. ¿Su arma y gracia? Ese pivote inasible llamado talento.

Su último parto literario se llama "Elogio del placer" y puede que en junio llegue a Chile. Se los recomiendo. En el capítulo destinado al amor hay cosas muy enjundiosas.

Recordemos que somos de una cultura abrazada alguna vez por la deletérea moral victoriana, que tanto daño hizo y ha impedido disfrutar de los placeres que Dios puso a nuestra disposición.

Mi abuelo me contaba que cuando se fue de Luna de Miel a Europa, tuvo que apagar la luz hasta para sacarse la corbata. Era la moralina imperante, una auténtica apoteosis de candidez que pasaba por una guirnalda de prejuicios superfluos. (¿Habrá prejuicios que no sean superfluos?)

Tratándose de un libro que pasa revista a los placeres, por cierto que el sexo no puede estar ausente. Sin sexo no habría gente en el planeta.

Aguinis aguijonea la moral cavernaria que fustiga el placer sexual puro como una cosa egoísta e infantil. Son los chupacirios e ignorantes que tratan de dictar cátedra acerca de temas que no dominan. Son los que argumentan que el sexo es bueno solamente si incluye a dos personas que se aman.

¿Y qué hacemos con la masturbación, práctica tan añeja como el fuego y que ha impedido que muchos náufragos, anacoretas, sacerdotes y convictos se vuelvan locos?

Es cierto que abusar del onanismo puede traer secuelas.

Tuve un vecino que se masturbaba siete veces al día y hasta se jactaba de ello. Un día un accidente hizo que le tuvieran que amputar ambos brazos.
Desde ese momento, les puedo asegurar que mi vecino quedó "viudo".

"Elogio del placer", se pasea por los goces mundanos. Ahí está el poder curativo del humor. Por algo los jonios, pueblo de la antigua Grecia solían exiliar a la gente que no se veía reír con frecuencia. El libro aborda también los claroscuros de la filosofía, el contentamiento de una buena lectura, la fascinación del cine, la pintura y hasta la comida.

Y como Aguinis es un superdotado que ve lo que otros no ven, nos recuerda que hasta el consumo puede convertirse en un acto placentero.

¿Quién no se ha encalillado más allá de la cuenta para hacerle un buen regalo a su novia? ¿Quién no ha pedido dinero prestado para comprarse ese libro que no podía faltar en nuestra biblioteca? ¿Acaso no se le pasó la mano comprando ropa en una liquidación de esas que no se vuelven a repetir? Ese tipo de consumo está ajeno al pecado. Más bien es uno de los goces inesperados e infrecuentes que nos da la vida.

"Elogio del placer" es un libro de esos imperdibles.

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