Piramides de Egipto
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UNA PLEGARIA PARA LOS NIÑOS

Por María Fernanda Ternicien
Educadora de Párvulos

 

El domingo pasado celebramos a nuestros pequeñitos. Fue, sin duda, un hermoso día, por todos lados se veían familias paseando con sus niños y compartiendo minutos inolvidables. Les hicimos regalitos, les llenamos sus guatitas de helados, dulces y cajitas felices, les dedicamos nuestro tiempo y los regaloneamos.

Pero muchos de nosotros olvidamos lo mas importante: rezar por ellos. Por eso quise hoy enviar esta linda plegaria que me llegó por e-mail, no importa que ya hayan pasado varios días, porque no hay fechas para rogar a Dios por nuestros pequeñitos, y no solo por los nuestros, sino por tantos chiquitos que no lo están pasando bien, que sufren lo que nosotros, aún siendo adultos, dificilmente podríamos soportar.

Por ellos, y por nuestros hijos, pidamos a Dios hoy, y cada día, soñando siempre con poder heredarles un mundo mejor.

Quiero pedir por los niños que dejan sus dedos llenos de chocolate en todo lo que tocan, que saltan en los charcos y arruinan sus pantalones nuevos, que comen dulces antes de la comida y que nunca encuentran sus zapatos en la mañana.

Quiero pedir por los niños que miran a los fotógrafos desde atrás de los alambres de púas, que nunca han caminado por la calle con un par de zapatos nuevos, que nunca han jugado al pillarse y que han nacido en lugares a donde nosotros jamás nos acercaríamos, que es donde probablemente morirán.

Quiero pedir por los niños que nos dan besos pegoteados de caramelo y ramos de flores, que duermen con su perro y quieren enterrar a sus pescaditos, que nos abrazan muy fuerte y que olvidan su dinero para la merienda, que riegan la pasta de dientes por todo el baño, que observan con ojos asombrados a su padre cuando se afeita y a su madre mientras se maquilla, que hacen ruido cuando toman la sopa.

Y también quiero pedir por los niños que nunca han comido postre, que no tienen cobija favorita que llevar a todos lados, que ven a sus padres sufrir, que se acercan a nuestros coches en cada calle pidiendo con sus ojos, que no tienen baños para asearse, y cuyas fotos aparecen en las estaciones de policía y no en las oficinas de sus padres.

Quiero pedir por los niños cuyas pesadillas suceden a plena luz del día, que comen lo que encuentran, que duermen bajo el cielo abrigados por periódicos, que nunca han ido al dentista, que no reciben mimos de nadie, que van a dormir hambrientos y despiertan hambrientos, que no tienen dirección.

Quiero pedir por los niños a quienes les gusta que los carguen y por aquellos que tienen que ser cargados, por los que se dan por vencidos y por los que siguen luchando, por los que no encuentran manos que tomar.

Por todos esos niños, quiero pedir el día de hoy, porque todos son valiosos, dan una nueva forma de amor a nuestras vidas y una razón para vivir, porque ellos nos hacen sentir la necesidad de comprometernos a construir un mundo más justo.

Y pido por nuestros hijos, los que nacieron y los que nacerán, porque son la mejor esperanza para nuestro mundo, la compensación de nuestro trabajo, la realización de nuestros sueños incompletos, la garantía de nuestra inmortalidad.

Y la muestra de que Dios no ha perdido la esperanza en los hombres...

Este día pido por mis hijos, por nuestros hijos, por todos los hijos del mundo, para que DIOS los bendiga con amor y alegría.

Por los niños del mundo que tienen un hogar y por los que lo tendrán, si hacemos un mundo mas justo y equilibrado.

Por los niños que viven en paz, y por los niños que desean que se termine la guerra, para tener una infancia normal.

Por los que piden y por los que dan.

Por los que esperan.

Por los sanos y los enfermos que se curaran.

Por los felices y los que lo serán.

Por los alegres y los tristes que dejaran de serlo.

Pido por todos los bajitos del alma, que un día verán un mundo mejor.

"Cada niño, al nacer, nos trae la esperanza de que Dios aún no ha perdido la esperanza en los hombres". Rabindranath Tagore.



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