Piramides de Egipto
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LA AUTOESTIMA

Por María Fernanda Ternicien
Educadora de Párvulos

 

Todos tenemos una imagen muy personal sobre nosotros mismos, esta imagen se ha formado por lo que pensamos que los demás ven en nosotros y por lo que uno mismo piensa de si. El sentimiento que se genera de esta valoración es lo que llamamos la autoestima, que puede ser positiva o negativa.

Las personas con autoestima positiva son generalmente triunfadores en la vida, lo que no necesariamente quiere decir que sean personas de buen pasar económico, NO CONFUNDIR, me refiero a que son personas alegres, tranquilas, seguras de si mismas y que proyectan en los demás una imagen que genera confianza y tranquilidad. Por el contrario, los que tienen una autoestima negativa, se ven nerviosos, tensos, irritables y andan por la vida arrastrando el poncho, derrotados antes de dar la batalla.

En nuestros niños esto es muy similar, solo que en ellos, su imagen personal se forma a partir de la opinión que sus padres tienen de ellos, lo cual es bueno durante sus primeros años, ya que cuando nuestros hijos son chiquitos, todo nos hace gracia, los encontramos adorables, inteligentes, maravillosos, y no nos cuesta nada decirles cuanto los amamos, y lo mucho que los necesitamos.

Los niños así se sienten queridos y aceptados, por eso responden sin asomo de modestia ¡¡YO!! Cuándo preguntamos ¿quién es el mas lindo del mundo? ¿Quién el mas inteligente? ¿o el mas simpático?

Pero como todo lo bueno en esta vida, esta etapa tiene su fin, (no debería tenerlo pero lo tiene, desgraciadamente) basta que el niño entre al colegio para que, generalmente sin querer (quiero creer que es así), los padres empecemos con las críticas y la destrucción paulatina de su imagen personal, olvidando valorar todo lo positivo que ellos siguen y seguirán teniendo.

Esta actitud crítica y descalificadora tiende a continuar en muchas familias, y en mayor grado, durante la adolescencia, esta es la razón por la que muchos niños terminan alejándose de sus padres y buscan refugio en grupos de pares, que muchas veces no son lo que diríamos, el mejor modelo.

Cambiar esto no es tan difícil, solo debemos asegurarnos que nuestras exigencias hacia el niño, estén de acuerdo con las posibilidades de cada uno, y, por supuesto, con la edad correspondiente. Si le pedimos algo que está fuera de sus posibilidades, sentirá no solo el fracaso al no poder lograrlo, sino que además irá generalizando este fracaso y se sentirá incapacitado para todo lo que sea referente, por ej. Si le pedimos a un niño de 6 años que aprenda a multiplicar, y no lo logra, en su yo interno quedará la idea de que es un fracaso para las matemáticas, y crecerá con esa idea, aún después de que aprenda a multiplicar.

Esta es una de las principales razones por las cuales es una pésima idea adelantar a los niños en el colegio, algo que durante mi vida profesional, he podido comprobar que es una obsesión de los padres. Es preferible que sientan que les sobra capacidad, a sentirse sobre exigidos, especialmente durante sus primeros años de colegio. En la casa, también debemos poner atención a nuestros comentarios, si siempre nos dedicamos a desaprobar lo que el niño hace, y nunca a felicitarlo por lo que ha logrado, aunque esté por bajo lo que esperábamos, tendremos una atmósfera crítica, y por resultado, un hijo inseguro.

Cuando un niño tiene experiencias positivas, acompañadas de valoración positiva, sentirá que es capaz de hacer muchas cosas y subirá el mismo sus metas. Por el contrario, si le salen mal las cosas y, además es criticado, sentirá que no es capaz de hacer lo que se espera de el, y por lo tanto, bajará cada vez mas sus metas.

El tener metas altas lo ayudará a tener iniciativa y fuerza, para lograr todo aquello que se proponga en la vida.



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