Piramides de Egipto
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¡SE ACABAN LAS VACACIONES!

Por María Fernanda Ternicien
Educadora de Párvulos

 

Los meses pasaron volando, y lo que nos parecía muy lejano, ya casi casi llega.

¡Paciencia papitos! Ya falta poco para que sus adorados revoltosos vuelvan al colegio y puedan ustedes tener unas horitas de paz y tranquilidad nuevamente.

Para nosotros, los profes, es también una alegría volver a tenerlos a nuestro lado, después de un par de meses sin verlos, se empiezan a echar mucho de menos, ¡En serio!, la alegría y el cariño incondicional que ellos nos dan nos hacen mucha falta, es maravilloso volver a encontrarse con sus caritas sonrientes, recibir sus abrazos y besos pegoteados, escucharlos atropellándose por contarnos todas las aventuras que vivieron en el verano, descubrir lo mucho que crecieron.

En general, la vuelta a clases, es motivo de alegría para todos, incluso para los más grandecitos, que aunque no tengan muchas ganas de volver al colegio, la emoción del reencuentro con sus compañeros les ayuda a superar la "depresión".

Pero de lo que yo quería hablarles, no es en realidad de la vuelta a clases, si no, del primer día de clases, ese primer día al que se enfrentarán tantos pequeñitos que van al colegio o al jardín por primera vez, comenzando una nueva etapa de sus vidas, una muy importante, que recordarán siempre, generalmente con mucho cariño.

Este primer, o primeros días, son tan importantes en la vida de un niño, que de ello dependerá la actitud que ellos tengan frente al resto de su vida escolar. Por eso, los padres, debemos estar preparados para enfrentarlo junto a ellos, transmitiéndole todo nuestro orgullo y emoción por el momento que vivirán, pero nunca nuestros temores y angustias. Es muy normal que los niños lloren en ese primer momento de separación de sus padres y es allí cuando debemos mantener la calma y serenidad, si ellos nos ven tristes o preocupados, incrementarán su llanto y será más difícil la separación. Es necesario mantenerse firmes, calmados, y despedirse rápido, sin alargar la "agonía". Si están llorando, las parvularias o profesoras saben como acogerlos y calmarlos, pero esta es una tarea imposible si los papás se quedan pegados a la ventana con cara de catástrofe nacional, o vuelven a los pocos minutos para ver si ya se calmaron.

Tengan la seguridad que normalmente a los 5 minutos están felices jugando y ya han hecho más de un amigo. Así son los niños, viven el momento y lo disfrutan a fondo. Ahora, si llegan a ceder y después de largo rato de intentar convencerlos sin ningún resultado, deciden llevárselo de vuelta a casa con la promesa de que al día siguiente volverán, estarán cometiendo un gran error, puesto que el niño volverá a llorar y con mucho mas intensidad al otro día, porque... si una vez les resultó, seguro les resultará de nuevo.

Conclusión: Mayor sufrimiento para el chiquitín, y mayor agonía para los papis.

En resumen, vayan a dejarlos con gran alboroto (es decir, vayan todos si quieren, papá, mamá, abuelos, hermanos, nanas, tíos), porque es un día importante y los niños deben sentirlo así. Quédense unos minutos, sáquenles fotos y luego rapidito se van, sin mirar atrás, las "tías" sabemos como calmarlos y tengan la seguridad que lo haremos con mucho cariño.

Muy importante es también la hora de salida, ¡No se vayan a atrasar!, ni un minuto siquiera, deben estar ahí cuando se abra la puerta, de lo contrario se llenarán de angustia y de sensación de abandono y obviamente al otro día no querrán volver. Luego, en casa, ténganles algún regalito o un almuerzo especial, díganles lo orgullosos que se sienten por lo bien que se portaron, por lo grande que están, por lo lindos que se ven con su uniforme... en fin, por todo. Pónganse de acuerdo con los abuelos para que no dejen de llamarlos para preguntarles como les fue, que aprendieron, a quienes conocieron, etc.

No se olviden que es un día muy especial y los días especiales nos marcan para siempre.



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