Piramides de Egipto
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OTRO MATRIMONIO "REAL"

Fue el turno de bailar con la fea

Por El Necio
Investigador Privado
elnecio@chile.com

La vida de pronto no es todo lo buena que uno quisiera y para definir eso, tenemos hasta un dicho arraigado en nuestras costumbres: "fue el turno de bailar con la fea". No es malo el acto mismo de "bailar con la fea", porque alguna moraleja nos deja y podemos convertir el sinsabor en algo positivo, pero tomárselo "in profundis" e irse "con todo el hilo" en tan singular empresa es solo de "enfermos del chape".

Tal es el caso de nuestro más mundano y conocido Príncipe, (Carloncho, porque estarán de acuerdo en que no tenemos idea si hay más príncipes dando vueltas por ahí en la vida y mucho menos cómo se llaman), que está tratando de convencer con este acto a la divinidad que lo trajo al seno de su familia, de que no se mandó la cagá que se mandó con su princesa anterior, que es más bueno que el pan con chancho con todo el mundo que se le acerca y que está perdidamente enamorado de este portento de mina con la que se casa en segundas "náuseas".

Me dormí una semana entera, relajé los músculos y las neuronas hasta casi un punto muerto, de manera de estar descansadito para hacer el análisis correspondiente del minón y tengo que decirles que no hay por dónde. Ni aplicando cálculo IV, trigonometría, robótica ni astronáutica logré encontrarle un pedazo de carne comestible a esta dama. Con todo perdido por el lado del mordisco con sonido gutural, me dediqué a la investigación interna, buscando las cosas que habitualmente se encuentran en las minas feas, a saber: simpatía, encanto, ternura, buena mano para la cocina y qué se yo, cualquier wea que me permitiera decir: "éjale!, por esto era" y tampoco.

Es de las damas que solo sonríe cuando atropellan a un perro o algo por el estilo. Qué análisis queda? -me pregunté- La reina le está tirando poco billete al bebé y esta mina le pone la diferencia?, porque no hay bandera ni nacionalismo que resista la dedicación a la patria correspondiente, sin un billetito de sepetecientas mil libras esterlinas dando vueltas cerca de la cama. A modo de inspiración divina, mientras escribo este artículo pasan por televisión una película donde un joven ve a una tremenda gorda como sílfide, (la Paltrow), que está como para seguir el consejo del Padre Hurtado por un par de meses -"darle hasta que duela"-, todo porque una suerte de gurú le hace ver el alma de las minas representada por su cuerpo físico. Si fuera el caso y el mismo brujo fuera amigo de Carlitos, es claro que le tiene bronca y se lo cagó. La Camila es lo más parecido que he visto a la dama de hierro, es decir, tiene tanto brillo como chupar un clavo.

Por otro lado, -me dígo-, supongamos que la bella durmiente fuera besada, para despertar del letargo, por el Carlitos. Seguro que después de abrir un puro ojo y cachar el mote del "principito despertón" que le toca, se hace la huevona por otros 5 años durmiendo a pata suelta. La cenicienta lo mandaría a conseguir un proctólogo que le sacara el zapato del culo después del chute, y así... tampoco es Clooney el principito...

La única conclusión que cabe es que son tal para cual y se confirma que siempre habrá un roto para un descosido.



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