Piramides de Egipto
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¿QUÉ FUE DE LA UNCTAD III?

Por El Necio
Investigador Privado

Marzo 2006


Infierno en la torre quedó chiquitito al lado del siniestro que consumió el lugar donde tuve la oportunidad (como tantos), de almorzar baratito alguna vez, en mi juventud añorada. Justo se desplomó el comedor, al que tenía acceso el pueblo en esos tiempos, tan lejanos ya.

Allende se mandó el manso edificio para albergar la reunión de las naciones unidas. Los obreros trabajaron horas extras, para levantar un portento que después de la reunión, sería para su beneficio. Corría 1971 y se levantó en algo así de 9 o 10 meses.

Se construyó en casi puro vidrio belga y cobre, al menos su primer piso, dejando por pasillos internos un acceso libre para que la gente pasara desde Alameda hasta el parque, cultivando la vista. No fueron pocos los artistas que donaron sus obras para adornar los muros y cultivar a un pueblo emergente que recién tenia acceso al arte.

Acabada la importante reunión, que como de costumbre no quedó en nada, Allende lo donó al Ministerio de Educación para su administración.

Como todos sabemos, duró menos que un peo en un canasto, porque vino el caballero de la gorra y se lo "adjudicó" en "licitación privada" para casa de gobierno, (mientras reparaban el cagazo que se mandaron nuestras jamás vencidas fuerzas armadas en la moneda), y para tener cerquita a la flamante junta de gobierno después.

Esos 6 o 7 meses que alcanzó a durar, fuimos a almorzar muchos al casino de abajo. Una maravilla que no volví a ver en todo el resto de la vida. Era precioso, enorme, como para sepetecientos mil almorzando cómodamente sentados, y adornados por obras sin par.. hecho para el pueblo.

Los vidrios belgas deben estar en los ventanales de algunos generales de ese tiempo, así como las obras de arte, que se las robaron entrando. Los vidrios fueron reemplazados por acero, para proteger a los "valientes soldados" y por supuesto que las puertas se cerraron al populacho, que nada sabe de éstas cosas. Del paso para el parque desde la Alameda nunca más se supo, ni nadie se atrevió a preguntar.

Una suerte parecida corrió el inmueble de calle Londres, sede del partido comunista, que "adjudicado" también en "licitación privada" a la defensa nacional, sale a remate por éstos días a petición de sus dueños (que claro, no son los dueños, sino que los que se lo compraron a los que lo robaron). Allí se detuvo y torturó a varios "comunistas de mierda" en tiempos del caballero de la gorra y sería de pésimo gusto encontrar más tarde que temprano, a un instituto de capacitación privado funcionando, donde un montón de gente quiere solo ir a dejar flores.

Serán los justos "trofeos de guerra", me imagino, como cuando los hunos entraban dejando la mansaca por doquier, violando a las más lindas, agarrando todo lo de valor y emborrachándose con la sangre de los "otros", pero mientras más vueltas le doy, nada puedo hacer con el sentimiento de amargura, de vergüenza y de impotencia que la observación de estos actos me provoca.

Justicia divina en el caso del UNCTAD III (hoy, Diego Portales), que a la usanza del machote "o mía o de nadie", deja algún consuelo. Habrá que esperar que un terremoto termine con los días del inmueble de calle Londres.

Si tan solo no se hubiera robado tanto y tan a la descubierta, tan descaradamente, quizás el sentimiento de vergüenza no sería tanto. La única comparación posible son las viejas, vecinas de la "bubulina" que al morir ésta, ingresan a la casa a llevarse todo, a vista y paciencia del viejo zorba, que solo puede pensar en que se le murió su "mina".

Para aquellos que no sabían, para los con Alzheimer agudo, para los que se hacen los huevones, ese edificio enterito lo construyó Allende para su pueblo, y lo alcanzó a gozar por unos 8 meses, yo incluido, almorzando a diario en el mejor comedor que conocí en la vida, a unos precios que daban risa, porque a cualquiera le alcanzaba para pagar, con unos cuadros preciosos que colgaban de los muros, con esculturas, y tantas artes reunidas en un solo sitio, para entretención y cultura de un pueblo alegre. Allí nos codeábamos los ingenieros, los técnicos, los lustrabotas y los cartoneros. Nadie le hacía desprecios a nadie y todos nos agarrábamos pal tandeo de mesa a mesa.

Era otra vida, era otra sociedad. Si claro, la cola era larga, pero a nadie le importaba, había para todos.

Y con todos me refiero a todos.

Un abrazo para todos.



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