Piramides de Egipto
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EL NUEVO SISTEMA DE TRANSPORTE DE PASAJEROS

Por El Necio
Investigador Privado

Abril 2006


Por esas cosas de la vida, me tocó probar en carne propia, la "novedad del año": Los flamantes buses blanquitos con verde del Transantiago. Desgraciadamente no es que me haya atacado el "espíritu cívico" y decidiera dejar el auto en casa, para aportar con mi granito de arena a la descontaminación de la ciudad, si no que es porque aun estoy en panne. Una por lo caro que me resultan los repuestos y otra porque los mecánicos le hacen el quite a semejante peguita.

La línea 612 me queda muy cómoda para ir y venir, de la casa a mis labores habituales, tanto en su recorrido hacia el centro de Santiago, como hacia Puente Alto. De modo que la fortuna me sonríe, porque me deja en la esquina de la casa.

Primer día, 48 minutos esperando la divina maquinita. Obviamente, llegué tarde, a pesar de salir dos horas antes de mi compromiso.

Segundo día, 65 minutos esperando, me devolví a la casa y le saqué la cresta al perro, de puro enojado.

Día sábado, 8 de la tarde-noche… esperé hasta las 10, nunca pasó. Caminé desde Blanco Encalada hasta Alameda para tomar una alternativa, la salvadora 357, que tampoco pasa después de las 10,30, sencillamente me aburrí de esperarla.

Obviamente, decidí investigar qué diablos pasa con el servicio, interrogando a los conductores, y me encontré con las siguientes sorpresas:

1- Buena parte de los conductores son peruanos. No es que tenga nada en contra de los peruanos, pero me imagino cómo gozarán dejando a los chilenitos esperando por períodos largos, o simplemente tirados.

2- Los peruanos son sordos. El pito del cobrador automático, que suena con cada pasajero que sube, les debe tener las orejas pa'l gato, porque no escuchan el otro pito, que se usa de timbre, entonces el pedido de parada de los pasajeros se hace a la antigua, a viva voz: "¡Para pos chuch....!").

3- No hay forma de que las personas de edad, puedan sentarse en esas alturas. Traté de ayudar a una dama a sentarse, incluso "rempujándola" desde el tambembe y no pudo. En realidad no pudimos, porque éramos tres los ayudantes.

4- El espacio que hay entre los asientos enfrentados es imposible de compartir, mucho menos en casos como el mío, que calzo 45. No hay donde poner las "patas". Es más, si está desocupado uno de los del rincón, para que pase el postulante, los de la orilla tienen que hacer de hombre goma para dejarle espacio de apoyo. Es entretenido cuando hay damas con faldas en esos lugares.

5- En la línea 612 hay treinta y dos máquinas para reemplazar el servicio que antes entregaban ochenta y seis. Por eso, los fines de semana y festivos se hace imposible tomarlas. Toda vez que no trabajan las treinta y dos esos días.

6- Si se le ocurre salir con la familia, llévese la alcancía para hacerla mierda en la micro, porque los cobradores automáticos no aceptan más que monedas. Si paga 6 pasajes debe tener $ 2.100 en monedas. Y otros $ 2.100 para devolverse. Ah, no saca nada con tratar de cambiar monedas en los negocios, porque con seis meses con el plan andando, las monedas de $ 100 empiezan a escasear en todas partes.

7- Los nuevos pases escolares no son aceptados por los cobradores automáticos, -casi hago patria botándole unos pocos dientes al peruanito, por intentar echar para abajo a una bella universitaria, solo porque su cobrador no reconocía el nuevo pase. "Es un problema de la compañía poh cabrón c... la niña no tiene culpa. Ya m'ijita, pase no más, agáchese y pase por abajo… ah mierddd.. está para ponerle marco-.

En fin, no tienen idea la cantidad de garabatos que se llevan estos pobres cabros. Una vez que la máquina, a juicio del chofer, va llena -como siempre, no hay caso con contarle a algunas señoras que la micro sigue para atrás, ellas pasan el cobrador automático y se instalan. Curioso por lo menos, porque en ese lugar solo hay unas moles de plástico que cubren el sistema hidráulico que levanta la carrocería, es decir, se pierden los primeros 6 metros de microbús-, no le para a nadie, nunca más. Los paraderos son a juicio y albedrío del conductor, que a estas alturas, con la cantidad de shushadas que carga encima, no lo hace reír ni Chaplin, y toma pequeñas pero reconfortantes venganzas con los pasajeros.

Ah, mantener el equilibrio arriba es todo un reto. Sobretodo en las máquinas dobles. Incluso sentado tienes que ir agarradito del fierro. Nada de pensar en ir leyendo porque se hace imposible, entre tratar de agarrarte y de pelotear viejas que pasan volando por el lado tuyo.

No es difícil adivinar cómo se viene el futuro. La gallada andará idiota y estresada por no poder llegar a la hora al trabajo, y temiendo que la vuelta a casa se haga más compleja, porque bien puede ser que la divina micro no pase. Todo el mundo está buscando una alternativa para no perder la pega, es decir, esta tomando colectivo y metro en vez de esperar el autobús que les sirve.

Si ese era el objetivo señores del transporte, les felicito. Nada podía hacer crecer al metro con mayor velocidad. Con razón los tacos en las escalas que se producen a toda hora, pero cuidado, están jugando con gente que está llegando al límite de su tolerancia.

Un abrazo para todos…



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