Piramides de Egipto
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ANDRE JOUFFE LOUIS
PERIODISTA
djouffe@yahoo.com
LE MOULIN ROUGE
Enero de 2014


LOS AMANTES HOMBRES DE GABRIELA MISTRAL

- Relaciones peligrosas entre traficantes de armas y Dina.
- Blue Jasmine una neurosis galopante.
- A regar los cochayuyos.



En el Baco donde se come el mejor fois gras de Chile, dicen, y se bebe mejor, almorzamos con Jorge Babarovic, yo abstemio y él, solo autorizado por su extravagante personal trainer a una sola copa. Una barbaridad. Allí me comenta que la señora de Chiloé que trabaja en su casa desde hace 40 años, define como "ir a regar los cochayuyos". Cuando el hombre regresa a casa tras larga ausencia y atiende a su esposa.

Leo Gabriela Austral de Dusan Martinovic Andrade, un excelente libro sobre nuestra vate en Punta Arenas. Habla de sus amores frustrados con Magallanes Moure y del hombre aquel malas manos que quitaron su vida, Emeterio Ureta. Al parecer la Gabriela no era virgen pero quedó tan traumada con los hombres que se volcó al género femenino.

Un libro que puede explicar mejor porque Gabriela escribe Desolación, uno de sus escasos cuatro libros y que fue base para el Nobel.

En una foto de 1919 la muestran bastante atractiva, solo se afea con su sonrisa amarga.

Se llevaba bien con las cuicas, y el ejemplo lo da su correspondencia epistolar con Sara Braun y por un tiempo con Josefina Menéndez.

Cuando Kate Blanchett alude en Blue Jasmine a la medicina de Edison no me cae la teja hasta que ella misma lo explica: el electroshock al que someten a muchos pacientes en siquiátricos. Soberbia su actuación y la de Sally Hawkins, que hace el rol de la medio ahuevonada que a menudo incluyó Woody Allen en sus películas.

Blue no es la mejor, pero una de las buenas.

Pese al calor y a que no me sentía bien cumplí con la obsesión de verla apenas supe que estaba en cartelera.

Todos los años pienso que es la última vez que vengo a Algarrobo con Isidora en ésta época, pero seguimos vivos y mientras lo esté la traigo al norte.

Estoy en el Dibam uno de los viejos edificios que aún se mantiene en pie en Algarrobo y desde Dibam mando esta columna y como me dan una hora, finalizo con la siguiente cuestión:

La vida suele tender trampas en las cuales uno cae ingenuamente o por copuchento.

Conocí a Eugenio Berríos, por el comentario de un amigo alarmado porque un socio de una empresa de relaciones públicas de nuestra propiedad, usaba las oficinas con el químico cuya existencia ignoraba.

La oficina había sido cerrada meses antes luego de un almuerzo con Andrónico Luksic Abaroa, quien nos advirtió de la crisis en camino antes de su reventón en Chile en 1983 pero el socio, ex Patria y Libertad encargado de las cobranzas a los duros para pagar, continuó su negocio con nuestras facturas. El producto, probado por el actor Julio Jung, también ajeno a las actividades de este asesino, era un viagra artesanal en base al bailahuén molido, encapsulado pero que dejaba un olor apestoso.

Advertido sobre Berríos y la Dina, traté de convencer inútilmente a sus nuevos socios de la calaña del individuo. En vez de creer, me acusaron.

Al cabo de unos años en un restaurante ad hoc, de propiedad de un Cheyre, Les Assasins, de calle Merced en Santiago, me sale al encuentro un tipo borracho, incapaz de sostenerse en pié. Me insulta, amenaza y cae al suelo, Pago la cuenta y abandono el lugar; era Berríos que según el Mamo Contreras, sigue vivo y nunca fue asesinado por el trío de militares uruguayos Casella, Radaeli y Sarli. Al contrario. Ha vuelto ocasionalmente a Chile con otra identidad.

En pleno apogeo de revista Cosas, inflábamos a un personaje llamado Adnan Kasshogy. Nos llamaba la atención que hacía sus negocios a bordo de su Boeing 727, modelo nada tan viejo entonces, y seguramente porque a bordo podía servir e ingerir alcohol. Muchos árabes solían recurrir a este truco, salir a volar para beber, ya que en sus países estaba prohibido hacerlo en tierra para no despertar las iras de Alá.

Una mañana avisan que se encuentra en Chile su hijo Mohamed, increíblemente parecido a su padre, también por negocios similares (armas). Me citan por la tarde a la disco Alive (ya no existe) en avenida El Bosque y ustedes saben que los locales nocturnos a la luz del día son patéticos.

Acompañan a Kashoggy Junior un caballero que se presenta como Eduardo Bathich. Éste último mantiene silencio, muy correcto mientras me entretengo con el saudi.

Años más tarde leo en el matutino La Nación, que el silencioso, era sobrino y socio de Monzer Al Kassar, nada menos que el sirio de la minoría religiosa alahuita ligado a enormes redes de narcotráfico. Ya en 1974 había sido condenado a 18 meses de cárcel en el Reino Unido por transportar hachis.

Esto vale hongo como dirían los lolos, comparado con el lado C de Al Kassar; fue un traficante de armas que usó a hombres y mujeres para abastecer de armamento desde las Farc para abajo. Con el tiempo Interpol mantendría a las policías del mundo entero al acecho de quien les hablo. Su visita en los años ochenta a Chile seguramente tendría que ver con algo relacionado con lo que más adelante se llamaría los pinocheques.
Todo terrible, pero lo peor es que en el diario informan que se reunió conmigo en esa disco. Como si fuera un partner, un contacto, un socio. Yo iba detrás del hijo del árabe volador, no para hacer fortuna con Monzer Al Kassar ni con Bathich cuyos líos con la justicia chilena aun hacían bulla hace poco tiempo.

Como que empequeñece otro capítulo para olvidar: un barón, me invita a una localidad austriaca y me presenta al ex canciller del Sha de Irán, Mustafa Namdar, al barón Heini von Thyssen y su esplendida esposa Carmen Cervera ex Miss España y actualmente a cargo del museo Thyssen Bornemiza en Madrid. Un ramillete de entrevistados, a no mediar que el intermediario fue operador internacional de la Dina y lo que reunió a ese cuarteto en aquella oportunidad, menos la dama en cuestión y el suscrito fue ponerse de acuerdo sobre los nuevos precios a cobrar por la venta de información en cuanto a armamento se refiere.

Toda consta por escrito y solo hay que buscar en viejos ejemplares de la revista que tuvo preferentemente a lady Di y Carolina de Mónaco en sus portadas. Pero quien calara la sandía, podía encontrar sorpresas en el interior como cuando en una oportunidad coincidí con Mariana Callejas en un asado.



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