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MIS 62, Y DON ROQUE

Alberto de Mónaco rajó a la Antártica antes de tiempo porque después se cerraría la ventana atmosférica que le permitía ingresar a ese territorio.

Por Andre Jouffe
djouffe@yahoo.com

15 de Enero de 2009

El viernes cumplo 62 años. 22 años más de lo previsto y augurado por muchos. Llevo dos décadas de yapa. ¿Veré a Frei de Presidente?

Si es Marco prefiero no estar. Aquel simpático que le hace guiños a los gay, lo mejor suyo, y que trata de descerebrados a algunos de sus dependientes, podría tener chance si votan cuatro melones de nuevos votantes.

Coincide este despacho con la triste noticia del cierre el sitio amigo Granvalparaiso.cl. Heroico lo que hizo, una mariconada lo que le hicieron. Y punto.

Espero que los sucesores no desmerezcan la marca.

Estamos en la capital y curiosamente eché de menos al partir Punta de Mierda como le digo a la capital magallánica.

Planifiqué irme per secula en este viaje pero surgieron cosas inesperadas. Quizás hasta la muerte mía por eso escribo esto antes de mi cumpleaños.

Del mismo genero, Alberto de Mónaco rajó a la Antártica antes de tiempo porque después se cerraría la ventana atmosférica que le permitía ingresar a ese territorio.

Vladimiro Mímiça se estuvo choreando pues faltó a la ceremonia que le tenía organizada. Así que nos devoramos uno de los mejores cócteles que me han servido en mi vida. Fui vestido hasta con la cinta de la Legión de Honor.

Pero el enojo no daba para tanto porque la Muni en cuanto a protocolo remitió las invitaciones dos días antes, lo que no es políticamente correcto.

La Inach generó 130 noticias con la visita y los jóvenes que acompañaron al príncipe, de manera que Vladi deberías de estar feliz ya que se habló harto de tu región.

Viva las piernas de Jackie van Rysselberghe.
Viva las mamas de Carolina Goic.
Ximena Rubilar, las cagó. Hasta peluquín sin peluca Larraín le tiró los lóbulos.
Si Rubilar fuese hombre habrían sido los testículos.
Esto si que es teatro a Mil. Con Mariana Hales y Miguel Sepúlveda siempre al poder.
Cuídense de Marco Enriquez oh my Money.
La publicidad electoral comenzó en los diarios regionales, con calendarios y páginas enteras de Piñera con Stioraker, por ejemplo. Y eso que estamos en enero.

Y ya que estamos de tragedia, lean esto…

Que don Roque Esteban Scarpa era coqueto a morir, es absolutamente cierto.
Percibí en él esto que, actualmente, se llama endogamia. ex narcisismo o egolatría, el primer día de clases en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en San Isidro 560, una calle perpendicular a la Alameda del nuevo hombre que nunca llegó pese a los anuncios de Allende.

Don Roque era filo democratacristiano, pero para el 12 estaba tan emputecido con el director de Bibliotecas y Museos, el poeta Juvencio Valle, a quien la Unidad Popular puso en su lugar en diciembre del 1970, que apoyó el once de puro picado, como muchos DC.

Luego se arrepentiría pese a que le concedieron en 1980 -y la cuña corría tal como ahora, así que no me vengan con cuentos-, el Nacional de Literatura y se volcó hacia Gabriela Mistral sobre quien escribió "Una mujer nada de tonta".

Uno de sus Opus magníficos.

Como la homosexualidad no era "tema" para él, en esta magnifica obra ni se menciona tangencialmente la posibilidad que la Nóbel chilena lo hubiera sido. Lo que para mi respecta, tampoco es tema y nadie le conoció jamás pareja de género alguno al intelectual magallánico.

Qué más da, si todo el amor extra maternal -como el otorgado a Gin Gin-, fue para el miserable Romelio Ureta, empleado de ferrocarriles a quien le dedicó "Los sonetos de la muerte" Nunca olvidaré cuando don Roque me recitó: "Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de dormirme en ella"

Pero un día con Celinda Gajardo una polola de la época nos cruzamos con don Roque en la esquina de Mac Iver con la Alameda.
Éste al verme se retocó coquetamente las pocas mechas negras que le quedaban. Porque eso si, Scarpa fue uno de los primeros en teñirse el escaso pelo cerca del cuello y a los lados a lo Insulza de antes, pelo negrísimo sin vergüenza alguna.
Era un hombre de un humor muy fino; sabía perfectamente quien le hacia la pata y quien no.

Yo sí, se la hacía.

Por ejemplo para lucirme ante él, en el primer trabajo encargado por nuestro distinguido catedrático de redacción, me referí al suizo Max Frish.

El ayudante de Scarpa, era Raúl Pérez Arias, un profesor cineasta incapaz de hacer comentarios de cine pero cuyo conocimiento de las fichas técnicas de cada película eran asombrosas al extremo de recordar el nombre del asistente de camarógrafo de cualquier obra de Ingmar Bergman y hasta de un actor como Anders Ek.

Siempre pensé que Raúl estaba tan enamorado de Scarpa, lo creía capaz de cortarse las venas por él.

Cuando don Roque, nos encargó una crítica o comentario de literatura, escribí sobre la obra "Homo Faber" de Max Frisch pese a las advertencias de mis compañeros de curso que interpretaban ese "homo" al tercer sexo y no al término de hombre en latín.

La novela había caído en mis manos a los trece años porque mi madre desubicada pensó que era ya una lectura apta para mí.
Pero, "Hombre hacedor" del mismo autor de " No soy Schiller", libro que marcó mi existencia pues habla de quien niega de su identidad, cosa que hice la mitad de mi vida hasta que percibí lo estúpido de la actitud, habla de un señor que conoce después de una tragedia aérea, a una joven. El es el actor Sam Shepard en la versión cinematográfica de Volver Schlöndorf llamada "El viajero", y ella July Delpy.

Resulta que mantienen una relación y para mal de ambos, se enteran después que son padre e hija pues al llegar a destino, Grecia, Barbara Sukowa, la actriz alemana que encarna a la madre y ex del protagonista le pone los puntos sobre las íes.

Todo esto, lejos de Magallanes.

Terrible el drama, ahora típico de teleserie pero entonces muy audaz y ajeno a lo cotidiano. Bueno, yo no comprendí el libro y quizás lo leí a medias pero tuve la patudez de concentrar mi primer trabajo para don Roque en "Homo Faber".
Scarpa me puso un tres, con gran generosidad pues daba para uno. Luego el vanidoso puntarenense, nos hizo hacer un segundo trabajo: "Entrevístenme".

Ya bien interiorizado sobre las pistas que corría, puse en el encabezamiento: "un hombre de rostro pálido, cuarentón". Ya esa sola palabra, cuarentón, me hizo caerle en gracia divina al catedrático. Me puso un cinco porque otra calificación superior hubiera sido indecente tratándose de una lamida de pata del porte de un buque.

El ya tenía cincuenta y tres, para que se comprenda mejor la materia.

Dos años más tarde el profesor de historia santiaguino que hizo carrera de periodista radial aquí, en Punta Arenas, Fernando Reyes Matta, ahora embajador de Chile en China, me convenció de salir de la escuela para que me dedicara de lleno al periodismo en vez de perder el tiempo "estudiando huevadas", Por eso no tengo titulo, sin embargo soy uno de los viejos colegiados del gremio.

O de la orden.

Entonces, Raúl Pérez Arias me dio algunas moderaciones en los sábados cinematográficos de la Biblioteca Nacional dependiente de Scarpa. Presenté y guié los debates sobre "Relaciones Particulares" dirigida por Jean Delannoy en 1964, inspirada en el libro homónimo de Roger Peyrefitte gran escritor copuchento homosexual y diplomático francés (lo entrevistaría en 1978 y trató de enamorar a mi joven fotógrafo) pero, por capricho, sabiendo que la obra me trastornaba, me quitaron "Marat Sade" de Peter Brooks basado en "Persecución y asesinato de Jean Paul Marat perpetuado por los internos del asilo de Charenton bajo la dirección del marques de Sade", con música de Robert Peasle (aunque Lucho Advis se revuelque en su tumba, insistí entonces que su música para Entretengamos a Mister Sloane dirigida por Víctor Jara era muy semejante a la del inglés cosa que siempre discutimos en torno a un botellón).

Todo esto se resumía bajo el título de "Marat Sade" con la divida Glenda Jackson treintañera y Patrick Mcgee (el que queda inválido después del ataque de Malcolm MacDowell en La Naranja Mecánica). Pero en cambio me dieron otro film sobre locos, mi especialidad, "El rey de corazones" de Philippe de Brocca, con Alan Bates, Micheline Presley, Jean Claude Brialy y Genevieve Bujold… Pero me estoy yendo por las ramas.

Don Roque habitaba una casona gris y oscura en la avenida Los Leones casi al llegar a Francisco Bilbao en el barrio burgués de Providencia en Santiago. Nos invitaba a tomar el té y mientras pasaban los años, mas gaga se iba poniendo pero sus palabras siempre sabias nos mantenían fieles a un paterismo cosquilloso que aun no me explico.

Sí que me lo explico: en nada podía influir en los años setenta en nuestras carreras periodísticas o literarias, peor aun si fue sindicado como uno de los pocos intelectuales de derecha en Chile que no fueran nazis.

Sin embargo sus palabras me producían la misma gracia y el impacto de las que aun me dan las de Jorge Edwards de quien llegué a ser casi amigo.
Scarpa lucía siempre una especie de sonrisa en sus labios delgados, clavados en unas mejillas bastante blancuzcas. Inteligente el hombre, de haber sido más valiente, quizás habría alcanzado otras cumbres. Pero es probable que optara alevosamente por la paz en esa casona gris de Los Leones y Bilbao.
Siempre he sostenido que la obtención de una credencial tiene sabor.

Leí en Escritores.cl sobre don Roque:
"Cuando nací, / el terror era dueño/ del mundo; / se mataron los hombres/ para que yo naciera. / En la noche, / entraba la muerte/ en la carne/ y el sol recogía la sangre/ abandonada."
Lo dijo él, no yo.

Era el principio de la guerra mundial. Muy lejos del fragor bélico, en Puntas Arenas, los emigrantes de muchas nacionalidades unían esfuerzos y, de algún modo, empiezan otra vez sus vidas.
Hijos e hijas serían chilenos. Uno de éstos: Roque Esteban Scarpa Straboni nació el 26 de marzo de 1914.
Sus orígenes, dálmata y corso, los vivió en castellano y, a los ocho años y medio escribió sus primeros poemas que, muy pronto, le hicieron acreedor de su primer galardón literario, en 1923.
Scarpa estudió en el colegio San José (P: Salesianos, gran productor de curas de tendencias perversas) Y luego en el liceo fiscal de su ciudad natal. Ejecutivo y soñador, fundó la revista escolar " Germinal" y dirigió el grupo literario "Revelación".
Bachiller a los 15 años, en 1930 se trasladó a Santiago con el propósito de estudiar alguna carrera universitaria, siempre y cuando ésta no fuera pedagogía. Cursó cuatro años de química y farmacia, pero ejerció la docencia escolar y universitaria, esta última, por más de medio siglo.
Estaba en París y tomaba un café con Jorge Edwards. Era el día doce cuando nos reunimos y para el otro Premio Nacional constituyó una sorpresa verme tan triste al decirle: "Quiero estar sólo un rato, aunque no lo creas, fue una persona importante en mi vida".
Jorge sonrió maléficamente. Yo le dije: "No viejo, nada que ver con eso. Tu sabes que no es tema para mi".

Vamos a otro tema.

Cuando tuvo lugar la primera cumbre entre las potencias USA-URSS, en Moscú, la obtención de la credencial para cubrir el acontecimiento lo tuvo a soborno.
En inmigración me pidieron una moneda chilena y en la sección de entrega de credenciales, un recuerdo de Chile. Cosas modestas, pero si no las entregaba, podía generar dificultades.

En el Festival de Cine de Cannes, saben a champaña, pues junto con el plástico hay una copa del licor de los millonarios y un canapé de foie gras para el acreditado.

En la frontera israelí con El Líbano, en 1982, tenía el sabor amargo del dolor; pues recién había acontecido la matanza de Sabra y Shatila en la que fueron asesinados a mansalva centenares de refugiados palestinos, niños, mujeres y hombres.

Esta la credencial de la incertidumbre, pues nunca se sabe qué va a ocurrir, como suele pasar en el Festival de Cine de Viña del Mar, con invitados que desisten o confirman a última hora o la falta de recursos para pagar el paso obligado por la censura.

En fin, la espera, el despacho y la recepción de la credencial siempre conlleva una emoción, sea para la cobertura de una pequeña muestra o para la Fórmula Uno o la entrada al Palacio del Eliseo. Y esa emoción tiene sabores a veces, indescriptibles.

Estoy con pena pues dejé a Isidora en Hualpén; estaba feliz ella con el sol, las plantas, el aire libre. El viaje a Puerto Montt en avión bien con la cajita Piñera, después en Tur Bus de noche a Concepción, eterno, nueve horas y lo mejor es que la cajita del bus es mejor que la cajita Piñera de Lan.
Pasé el día lunes en Conce y me vine esa noche. Accidente en el camino, ocho horas en vez de seis.
Helena decía: Hay ciertas cosas que a los 61 no deben de hacerse. Tiene razón. Ando como si me hubiese pasado una aplanadora encima.

Cuidado con Marco Henríquez

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