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SEMANA DE LUTO DE PRIMERAS DAMAS

¿A quién le endosaría los votos Enriquez Ominami?

Por Andre Jouffe
djouffe@yahoo.com

19 de Junio de 2009

Con la última encuesta CEP en mano, Marco Enríquez enfrentará un serio dilema. Si mantiene el porcentaje o lo sube, difícilmente alcanzará a Frei. Sin embargo, como se ha lanzado en picada contra el candidato de la Concertación, Ricardo Lagos y señora y su leit motiv es el cambio, si en segunda vuelta le endosa los votos a Frei, perderá credibilidad; si deja en libertad de acción a sus adherentes y gana Piñera, quedará como la mona ante la centro izquierda y la izquierda clásica. Le preguntamos a Marco por esto y estamos esperando su respuesta.

Siendo primo de Jaime Guzmán, Maximiano Errázuriz sentía una gran admiración por el fundador de la UDI quien además de abogado hizo el curso de árbitro, algo inusual ya que el ex senador nunca jugó al fútbol. Pero sacó su titulo referil. Maximiano, en cambio estudió periodismo en la Universidad Católica y entre sus compañeros de curso como Claudio Sánchez, Juan Pablo Cárdenas y profesores como Ignacio Valente (José Miguel Ibáñez Langlois y Vicente Pérez Zurita, no calzan a comprender como pudo incurrir en la falta de la cual el mismo se auto denunció. Para peor, Lily Pérez no concibe como la pudo "emporcar" a ella como señala la candidata y a Alberto Cardemil.

Maximiano que vivía en una tremenda mansión en el barrio El Golf de Santiago, fue siempre moderado y sencillo. Invitaba a almorzar a sus compañeros de universidad y el menú consistía en una tostada untada con lentejas. Por esto, el capítulo no calza con la personalidad que todos le conocemos; y recuerda a su colega Alberto Fouillouix, que olvidaba declarar impuestos en circunstancias de que era abogado egresado.

Y vamos al tema de las viudas. La primera tocó de lleno a la Cuarta Región.


LOS CAPRICHOS DE MITI MARKMANN

El Comandante Roberto Parraguez, piloto oficial del ex Presidente Gabriel González Videla que con su bimotor hidroavión Manutara unió por primera vez el continente con Isla de Pascua, relataba: "Doña Miti era una mujer cariñosa, elegante pero tenía sus mañas. En una oportunidad me hizo aterrizar en Curicó porque desde el cielo divisó una multitud que aclamaba el paso del avión presidencial y quiso agradecer el gesto. En otra, tuve que volar en el avión presidencial, el Canela, desde Temuco a Santiago para recoger unos zapatos color vainilla que doña Miti había olvidado para una larga gira por el sur".

Rosa Markmann, hija de esforzados y humildes inmigrantes alemanes era estricta a más no poder. En una conversación nos manifestó: "Si Gabriel llegaba tarde, iba a la casa de ciertas señoras y lo traía de las orejas a la casa." El nombre señoras era una forma elegante para definir a ciertas damas de vida alegre que frecuentaba el ex Mandatario en La Serena.

Uno de los capítulos que más la indignó fue cuando el editor Carlos Orellana, sin mi autorización, incluyó en mi libro "Primeras Damas" (Editorial Planeta, 1999) el capitulo cuando González Videla lleva a una amiga al hotel Antumalal junto al lago Villarrica; el mismo establecimiento que cinco años más tarde hospedara a la reina Isabel y el príncipe Felipe de Edimburgo en su visita a Chile.

En la conversación con Andrea Juffé, Miti recuerda la pesadilla que vivió enferma y embarazada como esposa del entonces Embajador González Videla en Francia: "El país estaba ocupado por los alemanes, por las noches escuchábamos sirenas y bombas. El inmenso subterráneo de la sede de la Motte Picquet servia de refugio por si los aliados dejaban caer presas mortales desde el aire". Miti tuvo que retornar a Chile vía España cruzando el país galo ocupado y controlado por los nazis.

Su preocupación era doble pues Markmann es un apellido tanto ario como judío. En Punta Arenas los Braun Hamburger no hicieron cuestión de su origen, pero para Miti en una Europa nacionalsocialista, fue una pesadilla.

El padre de Alejandro "Coco" González Legrand hermano de Gabito, era funcionario de impuestos internos, Coco evoca: "Cuando íbamos a la casa de mi tío abuelo en la calle Pedro Torres que todavía existe en el barrio Nuñoa de Pedro Sabat en Santiago, las tallas corrían de lado y lado. El viejo nos dejaba hacer, como tirarnos migas de pan y meternos en sus cosas".

Promotora del voto femenino junto a María Elena Caffarena (tía de la candidata lúdica Pamela Jiles Moreno) y Felicitas Kimpel, consideraba el logro como una de las grandes realizaciones de su vida. Cuando el gobierno norteamericano la eligió La Madre del Mundo durante el gobierno de Harry Truman durante su visita de Estado a ese país, lo tomó como una humorada pues su par era una lavandera de Portland, Toy Len Goon, de origen chino.

Casi atea, sólo prometió rezar cuando conoció al Padre Hurtado. "Tenía un cuento con la religión pues convergían en ella la judía y la católica".
Estoica a más no poder, nos dijo durante uno de los encuentros: "Me mechonearon unas comunistas en plena calle cuando salió la ley de defensa de la democracia; fue doloroso y humillan te, pero no lloré. Y cuando hablan de mi esposo, jamás dejaré de calificarlo como un estadista, aun cuando se irriten los señores Lagos y compañía."

Impecable en el vestir, tuvo como amigas íntimas a Rosita Astaburuaga y Blanca Kaiser de Comandari. Su afición era la música y bailar con un eximio de todos los ritmos, don Gabito. Lo único malo, es que el díscolo papayero, también lo hacía con otras.

En una semana, la historia de Chile se llevó dos primeras damas. Ambas sobrevivieron décadas a sus esposos y por ende, terminaron refiriéndose a ellos como cuasi santos, cosa que no fueron en absoluto.


DOÑA TECHA, CRONOLOGÍA DE UNA EXISTENCIA ATORMENTADA

Salvador Allende Gossens huyendo del cine Santa Lucía de Santiago a raíz del terremoto del 24 de enero de 1939 y al parecer el movimiento telúrico de la relación duró para el resto de la existencia.

Jorge Uribe Navarrete, ex subdirector de la Oficina de Informaciones de la Presidencia de la Republica (OIR) en tiempos de la Unidad Popular comentaba que "mujer más pesada de sangre, no había conocido en su vida". Sin embargo Isabel Dubernet Azocar, sobrina de Patricio Aylwin y ex secretaria de doña Tencha, la recuerda como abnegada, y pendiente de los sufrimientos ajenos.

Muy conservadora, envió a París a una sobrina porque se había enredado con un hombre casado (Juan Ibáñez Elgueta). La joven en cuestión terminó siendo la esposa del ginecólogo de Souha viuda de Arafat.

Eduardo Labarca, el celebre Guayo, líder de las Juventudes Comunistas, especie de Gladys Marín para las calcetineras de la JJCC en su "Biografía Sentimental de Salvador Allende", relata los sufrimientos y humillaciones que debió padecer doña Tencha que debió ponerse un paño ante los ojos para no ver el desfile interminable de amantes que tuvo el Chicho. Guayo incluso se pregunta a qué hora gobernaba con tanto romance de por medio. Y no lo dice en broma sino que con testimonios gráficos y escritos, con nombres como los de las actrices Inés Moreno y Eliana Vidal, sin olvidar a Gloria, Gaetán su amante colombiana que trajo a Chile y residía cerca de la Escuela Militar -gran paradoja-, en avenida Américo Vespucio.

El matrimonio de la viuda de Allende fue normal hasta que se mudaron a la calle Guardia Vieja en el barrio de Providencia en Santiago; desgraciadamente el chalet colindaba con la casa de los Ropert-Contreras y entonces aparece la vecina Miriam Contreras, la que sería su especie de concubina-secretaria casi hasta la fecha del suicidio del ex Jefe de Estado. No lo fue hasta el final pues tuvo que ceder el paso a la colombiana que incluso declaró hace cinco años por la prensa de su país y la chilena haber perdido un hijo antes de nacer, concebido con Allende.

Hortensia Bussi era una lectora insaciable, admiradora de Eliana Poniatovska, le gustaba la música y el ballet. A escondidas leía el Hola e incluso asumo haberla hecho posar con la publicación rosa entre sus manos en 1991 para un reportaje exclusivo. Nuestra relación de amistad se quebró cuando comenté un episodio suyo con la Payita.

Las instancias finales de su vida conyugal fueron realmente dramáticas. Si bien es cierto Allende transfirió sus amores a la casa de Payita en El Cañaveral, en el sector pre cordillerano de El Arrayán, cuando comenzó a engañar a su compañera de ruta no pudo hacerlo en El Cañaveral y en consecuencia relegó al segundo piso a su propia esposa, según me cuenta Eduardo Labarca, para atender a sus amantes ya sin el más mínimo pudor.

Tencha tuvo que soportar un alud de vejaciones pues Allende no solo mantenía relaciones con sus amores, además se introducía en sus vidas familiares; los hijos e hijas de sus mujeres le llamaban tío y llegaba a sus hogares a la hora del capricho.

Hortensia como madre tuvo siempre a su lado a Isabel; Beatriz, que se suicidó, era la hijita de su papá, edípica a más no poder y Carmen Paz permaneció casi todo el tiempo en México.

Miriam Contreras después del 11 de septiembre cedió con dignidad la viudez absoluta a Tencha que de pronto se convirtió en la mujer política que jamás fue. Entabló amistad, de la mano de Irma de Almeyda, esposa del ex canciller de Allende con personalidades como Danielle Gouze Mitterrand y fue un elemento instrumental en algunas causas como cuando fue a Cuba y amonestó a Fidel Castro por la inexistente democracia en la isla.

Fue Labarca quien reveló que Tencha había tenido un hijo antes de conocer a Salvador Allende y que lo entregó a su padre biológico. Luego tuvo otro, el único varón con el Chicho, que nació muerto. Asimismo pocos chilenos supieron que la viuda sufrió tuberculosis y que los males pulmonares la aquejaron durante toda su atormentada existencia fueron su único nexo con la Payita, afectada de cáncer al pulmón más que nada por culpa del cigarrillo.

Cuando se armó el show de pareja unida, tal como muchos otros políticos, hubo consenso, como aquella Navidad de 1971 que les organicé en Tomás Moro y durante la cual aparecen como una familia armónica que comparte el entusiasmo del entonces el único nieto, Gonzalo Meza, cuyo padre, Sergio " el gordo" Meza, era detestado por ambos abuelos.

Los últimos años de la porteña Hortensia Bussi Soto, en su departamento de avenida El Bosque transcurrieron tranquilos; la memoria que falla fue enterrando las instancias borrascosas y cuando aludía a Salvador, era con cariño.

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