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RECORDANDO ANTAÑO

Cuando comencé mis balbuceantes pasos en el periodismo.

Por Andre Jouffe
djouffe@yahoo.com

9 de Agosto de 2009

El padre de Carlos Massad tenía un gran negocio cerca de la estación Central.
La Revista 7 Días, dirigida por Fernando Reyes Matta (apodado Reyes Patas por algunos y Cara de Guata por Ricardo Montenegro, el autor de Radio Tanda y el personaje don Casiano), actual Embajador en Chile en China, licenciado en historia, periodista colegiado como yo y que se inició en estas lides en la desaparecida radio Minería de Punta Arenas.

Cuando comencé mis balbuceantes pasos en el periodismo me encomendó una sección titulada Carnet de Esfuerzo. Era una columna inserta en la página equivalente al Top Secret, de La Segunda o el Ojo de la Llave del Que Pasa o Diálogos de Café de El Periodista.

Consistía en entrevistar a inmigrantes que con su trabajo habían logrado dar empleo y triunfar. No era exigencia poner a magnates ni a Rockefeller que dicen comenzó lustrando zapatos.

El primero, creo, fue don Carlos Massad. Al término de la entrevista extrajo de su billetera un billete equivalente hoy a 50 mil pesos Harta plata para un joven periodista. Pensaba que la sección era pagada.

Con elegancia le di a comprender que era mi trabajo entrevistarlo y, luego de una breve e inútil insistencia, guardó el dinero.

Otros inmigrantes, como el dueño de los café Paula del centro de Santiago, me mandó a la punta del cerro luego que me dejara plantado y yo le hicieras ciertos comentarios. Era de apellido Knapp. Harto frustrante para un primerizo... Un descendiente de la colonia árabe se portó como un caballero, pese a que ignoraba la gratuidad del servicio, y no con la prepotencia del de los antiguos café del centro.

Lo que hizo Massad en el fondo no era casual, ya que en aquel entonces muchos periodistas vivían a costa de las propinas de dirigentes del fútbol quienes a cambio de frecuentes menciones en los numerables programas radiales, pagaban por esto.

Por eso, un veterano y sano periodista como Antonino Vera me explicó que como con el mismo sueldo nuestro, algunos colegas manejaban Fiat 600 o algo mejor en circunstancias de que la mayoría era peatón.

En otra oportunidad en una RRPP que me tocó un periodista de La Nación de aquel entonces me preguntó: ¿Cuánto me vas a pagar si publico una noticia con foto? Me desayuné. Con algo de timidez comencé a insinuar a sus colegas cuanto cobraban ellos por lo mismo y ninguno le hizo asco. Fui donde el empresario y le plantee: "Cobran tanto, en efectivo pues no quieren pruebas". El hombre confió en mí, me dio el dinero a cambio del cual no existió comprobante alguno.

Luego de realizado el acontecimiento, distribuí el dinero entre representantes de medios bien conspicuos les cuento hasta los más rasca, Nadie se arrugó.
Eran tiempos de Pinochet.

Ahora no me consta, pero me cuenta que muchos lo hacen de manera más sofisticada ya que con la cibernética, a los gerentes no se les pasa centímetro alguno sin justificar.

Hasta la crisis de los ochenta, las invitaciones a vuelos inaugurales, las botellas de whisky para Navidad, eran frecuentes y pasaban piola. Para los jefes cosas tipo A, para los chuches, corte B. Filete y guachalomo, pongámoslo así.

Leyendo a Platovsky caigo en Otto Lang. Mi padre hacia negocios con el.

Con tanto cartuchismo marcarthismo claro que la iglesia esta en baja. Las FFAA en alza pero nunca se sabe cuando golpean. Miren Honduras.

¿Qué será de Pato Navia?
¿Qué será de Juan Pablo Moreno?
¿Qué será de mí?
¿Cuántos almuerzos y cenas me esperan en Santiago? Bajé cinco kilos a cuenta.
¿Habrá agotado su canje en el Ambrosia el Pancho Martorell?

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