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ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL AL ACECHO Desde los años ochenta, las campañas para prevenir el SIDA han desplazado a las demás enfermedades de transmisión sexual (ETS) de la conciencia colectiva. Pero las infecciones olvidadas siguen allí. En Chile las pocas cifras disponibles ponen una voz de alerta. Desde los años ochenta las campañas para prevenir el SIDA han desplazado a las demás enfermedades de transmisión sexual (ETS) a un segundo plano. Pero las infecciones siguen allí, como una epidemia oculta que ataca principalmente a la población menor de 25 años. Mucho más desconocido que el VIH/SIDA, el virus papiloma humano es la infección de transmisión sexual más común en la población joven de Estados Unidos, según el Center for Disease Control and Prevention, el organismo gubernamental a cargo del tema. Entre el 50 y el 75 por ciento de los norteamericanos se contagia en algún momento de su vida. No siempre la situación es igual de grave. Existen más de cien tipos distintos de virus papiloma. Algunos causan verrugas -que en ciertos casos se multiplican en los genitales hasta obstruir incluso un parto vaginal-, mientras que otros son responsables del cáncer al cuello uterino, el cáncer ginecológico más frecuente en Chile. Las personas que conviven con la cepa de alto riesgo deben hacerse un papanicolau (PAP) cada seis meses. El examen detectará si el virus ha causado cambios en las células; es decir, si hay posibilidades de cáncer. Pero la amenaza no siempre dura toda la vida. A veces el sistema inmunológico hace desaparecer el virus. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 75 por ciento de las mujeres contagiadas no experimenta ninguna molestia. Por eso es difícil saber cuántos casos hay en un país, a menos que se examine a un grupo de población asintomática. Eso fue lo que hicieron en Gran Bretaña. En junio se publicó un estudio que arrojó cifras altísimas. Una de cada diez mujeres sexualmente activas tiene clamidia. La prensa habló de "crisis" y un comité de salud le recomendó al gobierno que iniciara una campaña de muestreo masivo. Una vez identificados los casos, el tratamiento es sencillo: basta una dosis única de antibióticos para matar la clamidia. La tendencia se repite en otras partes del mundo, como en Australia, donde la clamidia es la enfermedad bacteriana de transmisión sexual más común entre los jóvenes. La tasa de infecciones aumentó al doble entre 1997 y 2001. El 50 por ciento de los casos de infertilidad en el país está asociado a esta enfermedad. En Estados Unidos, en tanto, la clamidia es tan común que la mitad de las mujeres de 30 años se ha contagiado en algún momento de su vida. La mayoría nunca supo que estaba infectada y algunas mataron la bacteria sin querer, al tomar antibióticos, por ejemplo, para combatir una gripe. En Chile, todo médico que diagnostica un caso de sífilis o gonorrea debe notificarlo. Así se ha creado un registro que data de 1981, llamado "vigilancia universal". "No nos sirve para determinar la cantidad de casos que tenemos al año, porque existe una subnotificación. Pero nos permite ver las tendencias históricas", explica el doctor Aníbal Hurtado, a cargo del tema en CONASIDA. Las estadísticas muestran que la tasa de infectados ha disminuido hasta estancarse en 20 casos por cada 100 mil habitantes. "Es muy difícil bajar de ese piso", afirma el médico. Junto a este sistema opera desde 1999 la "vigilancia centinela", que registra todas las enfermedades de transmisión sexual que se notifican en siete hospitales del país. Los resultados indican que las mayores tasas de contagio se concentran en la población de entre 20 y 24 años y que el condiloma (la verruga producida por el virus papiloma) es la infección más frecuente en hombres y mujeres. A excepción de la sífilis -para la cual existen exámenes de rutina-, los registros sólo incluyen casos sintomáticos. Las enfermedades que no producen molestias, como la clamidia, hacen su trabajo lejos de las estadísticas. La única forma de destapar la cifra negra sería controlando a la población. Pero es improbable que eso ocurra. "Sería demasiado caro", dice el doctor Hurtado. Contenidos provistos por Bibliomed |
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