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http://salud.enlaweb.cl EL AMOR TAMBIÉN TIENE SU LUGAR EN EL CEREBRO
Por primera vez se ha podido demostrar científicamente que el amor también tiene su lugar en el cerebro. Neurólogos británicos han descubierto las áreas de este órgano que se activan cuando una persona está frente a la imagen de quien ama. Poetas inspirados por gloriosos sentimientos y también aquellos destrozados por su ausencia. Filósofos con espíritu crítico dilucidando su importancia existencial. Historiadores narrando su papel clave en episodios de la vida de la humanidad. Desde el principio de los tiempos, los seres humanos hemos sido objetos completamente maleables movidos bajo el influjo del más inexplicable y universal de los sentimientos: el amor. Los más heroicos actos se han realizado en su nombre, así como los más bajos, mientras su sola mención cruza las páginas de textos que van desde la religión y la lírica, hasta la biología. Hasta ahora, la opinión generalizada entre expertos y legos (todos con alguna experiencia en asuntos amorosos), desvinculaba por completo al amor de los procesos racionales ligados al cerebro. Hormonas, arquetipos ideales e, incluso, los órganos de la reproducción o el corazón se conjugarían para hacer a los hombres vulnerables a su hechizo. Pero el romanticismo vive ahora su momento de máximo asombro gracias a la ciencia. Neurólogos del University College of London han comprobado por primera vez la existencia de una conjugación de áreas del cerebro que se activan únicamente cuando una persona está enamorada y, particularmente en este caso, ante la vista del ser amado.
REGIONES ROMÁNTICAS "Básicamente he estado interesado en saber cómo se organiza la parte visual del cerebro, por lo que he estudiado su anatomía y funcionamiento durante muchos años. En mis trabajos más recientes buscaba descubrir cómo las imágenes visuales pueden suscitar fuertes estados emocionales y me propuse el desafío de comenzar con el más arrollador de todos: el amor romántico", relata el doctor Zeki. Junto al neurólogo Andreas Bartels, Zeki seleccionó a 17 voluntarios de la misma universidad entre los cientos que respondieron al llamado de los investigadores. Estos fueron seleccionados por la madurez y profundidad de los sentimientos que manifestaban hacia sus parejas. Entre ellos -11 mujeres y 6 varones- abundaron expresiones como "estoy locamente enamorado" o "jamás había sentido algo como lo que siento ahora". Los investigadores colocaron sensores en la cabeza de los voluntarios y, uno a uno, fueron mostrándoles distintas imágenes. Cuando se les mostraba una fotografía en la que aparecía el rostro de un amigo o amiga del sexo opuesto, las zonas del cerebro activas eran las que normalmente se encuentran funcionando en todas las personas. Lo interesante surgió cuando a los voluntarios se les mostró la imagen de la persona amada. "Descubrimos que, cuando al sujeto enamorado le mostrábamos una imagen del ser amado, había un notorio incremento en un complejo de pequeñas y específicas zonas del cerebro que, colectivamente, forman parte de lo que llamamos el cerebro emocional. Aunque se ha demostrado que funcionando de manera independiente estas áreas también se activan en otros estados emocionales, la interacción específica de todas ellas juntas sería única cuando hablamos del amor", explica el doctor Zeki. "Aún no sabemos cuáles son los lugares precisos de esas regiones que despiertan con ese sentimiento tan tremendo, pero me atrevo a decir que deben ser únicos y especializados para el amor", afirma el neurólogo Andreas Bartels.
FUTUROS TRABAJOS Otro hallazgo realizado por los investigadores es que la corteza prefrontal derecha, un sector del cerebro que permanece normalmente activo y que se encuentra relacionado con la modulación y control de las emociones básicas (manejo social requerido para vivir en armonía con los pares), manifestaba un completo decrecimiento en su actividad cuando los sujetos observaban la imagen de su pareja. "Es importante destacar que esa región es, precisamente, la que se encuentra sobreestimulada cuando una persona está deprimida", señala Bartels. El neurólogo agrega que "a futuro, esperamos ampliar nuestra investigación para medir las reacciones en mayor número de personas y también en homosexuales. Pero, por sobre todo, queremos medir lo que sucede utilizando no sólo estímulos visuales. Deseamos saber qué pasa en las personas enamoradas cuando sienten el contacto de la mano del que aman o su perfume. |
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