El quinto chakra se llama Vishuddhi o "con pureza" y demarca lo mundano de lo oculto.
La energía astral se convierte al pasar por este chakra en Soma o Amrita, bebidas sagradas de los dioses y sacerdotes hindúes.
Este chakra se caracteriza por convertir la compasión de Anhata (el cuarto chakra) en empatía, y así se logra un vínculo con todos los seres que sienten.
Vishuddhi se ubica en la base de la garganta, por lo que en el cuerpo físico se manifiesta en las glándulas tiroides y paratiroides, el plexo faríngeo, el habla y el oído. Estos dos últimos se combinan con el clímax tántrico y producen los sonidos involuntarios del placer, los cuales son sonidos mántricos y a la vez producen un aislamiento psíquico que se identifica con la sordera. Es mediante la estimulación de este chakra que se logra alcanzar la conciencia del aquí y el ahora.
Tiene como elemento regente el éter, llamado Akasha. El éter posee el espectro entero de energía cósmica del espacio, a través de la gama electromagnética. Así, Akasha se manifiesta en el chakra como la Luna Llena, que contrasta con un fondo azul.
Shiva en su personificación de la transformación es una deidad de cinco cabezas que aparece a la derecha y sobre la cabeza del elefante real albino, el cual es símbolo de pureza. Shiva tiene aquí un tridente llamado Trishula, y lo lleva como emblema de la triada tántrica nuclear.
Esta triada se encuentra formada por los espermatozoides, los óvulos y la unión de éstos que resulta en el óvulo fecundado de donde nace el niño mágico de Tot. Este es el primer gran yoga, o gran unión, que precede a la existencia individual.
Por su parte, Shatki a la derecha de Shiva también tiene cinco cabezas que simbolizan los cinco sentidos inferiores, bases de la existencia para aquel que no conozca los secretos tántricos.
Detrás de Shiva y Shatki se encuentra la letra sánscrita blanca que equivale al sonido Ham, pronunciado hum, y que significa semilla. Según la tradición tántrica, si se pronuncia esta letra durante el enlace se trasciende el ciclo del renacimiento. Esto es el círculo infinito de un pensamiento que engendra otro, y así sucesivamente.
Tal trascendencia ocurre porque el mantra Ham congela el ciclo de Samsara en el vacío de Akasha, provocando así la cesación de las fluctuaciones de la materia de la mente, que es Yoga.